Por: Iván Mejía Álvarez

¡Viva la fiesta!

Bueno, esta fiesta ya empezó y a partir de ahora a encomendarse al de arriba para que todo salga bien.

Ya no hay que llorar sobre la leche derramada ni pensar en que si se hubieran hecho mejor las cosas, si se hubiera organizado con un criterio más abierto y menos excluyente de un pequeño círculo cercano a Bedoya, la guardia pretoriana del presidente de la Federación, de pronto las cosas tendrían mejor presentación.

Los turistas prometidos no llegaron. Se quejan los empresarios del sector que gastaron grandes sumas y que el beneficio no ha sido real. Bueno, se modernizaron y adecuaron infraestructuras que tarde o temprano lo tendrían que hacer para prestar un mejor servicio a los huéspedes con Mundial o sin Mundial. Cuando Pachito bla, bla, bla embarcó al país en esta aventura dijo que llegarían 300 mil turistas, después bajaron a 30 mil y hoy si llegan 3 mil que se sientan satisfechos. Pachito no supo nunca lo que decía, durante ocho años hizo el ridículo y el montaje que armó para que su patrón inaugurara el torneo no se pudo cumplir. Le tocó hacerlo al primo que Pachito no quiere… cosas de la vida y del juego del poder.

Quedan unos bellos estadios remodelados con unos sobrecostos que darán de qué hablar en los próximos meses cuando pase la fiesta y en la resaca se conozcan los resultados de las investigaciones. Esta fiesta apenas empieza y ya va quedando claro el espíritu colonialista e imperial de la Fifa. Maltrato reiterado a los medios de comunicación local, irrespeto a los periodistas, costos siderales por unos derechos de transmisión y por posiciones en los estadios. Ellos, los señoritos de la Fifa, siguen convencidos de que este torneo lo están organizando en un país del primer nivel y han olvidado que la capacidad adquisitiva local no es la misma que la de esos países. A reconocidos comunicadores les negaron su acreditación y el comportamiento de Fifa y la incapacidad de la Colfútbol de hacer algo por los periodistas fue absoluta. La Federación pinta bastos y Bedoya y Jesurún, tan imponentes en casa, son mansos corderitos sin voz ni voto en este evento que se organiza en su casa.

Y la plata, los beneficios, ¿a quién le quedan? A la Fifa, acá sólo quedarán las migajas. Ellos, los de la multinacional, harán como los españoles de la Conquista, todo el oro y lo bueno para sus bancos en Zurich donde el “digno, honesto y transparente” señor Blatter distribuirá.

Por lo pronto, a gozar, a divertirse, a portarse bien, a demostrar que este país es generoso con su alegría y que más allá de los turistas que no vinieron, de los que se llevaron un dinero largo en las obras, de la plata que no veremos, pero que dejaremos en taquillas, hay que aprovechar la oportunidad porque esto no se volverá a ver.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Iván Mejía Álvarez

Verdades a medias

Verdades a medias

Éxitos criollos

Evolucionando

El baile de los técnicos