Por: Marcela Lleras

¡Viva las vías!

A PROPÓSITO DE TODO LO QUE ESTÁ sucediendo en nuestras carreteras: la vía al Llano, La Línea y otros corredores viales, con los derrumbes, puentes rotos, heridos y muertos, quiero contar mi experiencia de irme manejando desde Bogotá hasta Bucaramanga.

No toda la carretera está en buen estado. Inclusive los trayectos de las concesiones privadas, cuyos peajes son muy costosos, dejan mucho que desear. Se presentan fallas geológicas, deslizamientos, hay huecos, la vía es angosta, enclavada en las montañas, como el paso por el  Cañón del Chicamocha. Desde luego el invierno prolongado ha contribuido mucho a este deterioro. Pero aparte de la endeble infraestructura de las carreteras, no ayuda para nada el ciudadano que se pone detrás del timón, sin importar su condición social, y que adquiere un extraño reto que es un NO rotundo a la convivencia pacífica. La gente maneja con una agresividad aterradora. No atiende las señalizaciones, cuando las hay, ni los límites de velocidad. Es el vivo reflejo de la indisciplina atávica del colombiano.

En el viaje hubo tres accidentes, uno de los cuales fue llegando a San Gil. Se estrellaron un carro y un camión. El trancón duró una hora, con el tránsito acumulándose de ida y de venida. Llegó la ambulancia. Luego un remolque para quitar de en medio de la carretera a uno de los carros accidentados. La gente misma comenzó a dirigir la operación para dar paso y, por último, cuando ya todo había vuelto a la normalidad,  la Policía de Carreteras apenas venía desde San Gil. Además de este accidente hubo dos más, ambos de proporciones mayores.

Vale recordar que esta carretera es muy congestionada, por el flujo de mercancía, alimentos y pasajeros que se transportan por ella. En las curvas del Cañón del Chicamocha, si se encuentran dos “mulas” en sentido contrario, como el espacio es tan estrecho, tienen que coger la curva abierta, entonces se paraliza el tránsito, los ayudantes de las “mulas” se bajan para dar las instrucciones de la maniobra, que es en varios tiempos. Y esto, obviamente, produce trancón. Sigue el camino, una tractomula tras otra y, de pronto, un bus a una velocidad criminal emergiendo en una subida, como aparecen los Tiranosaurios Rex  en Jurassic Park, lo saca a uno de la carretera y lo deja muerto de susto, cuando está de buenas.

Me pregunto cómo puede aspirar Colombia a entrar de lleno en la globalización, siquiera a hacer pinitos hacia un mundo desarrollado, o a participar en el  TLC con Estados Unidos con esta enorme insuficiencia en materia de carreteras. Es bastante lamentable. Ya parece que el Gobierno va a destinar $4.3 billones para vías. Ahora hay que cruzar los dedos y esperar qué cabezazo “genial” se les ocurre a los tecnoburócratas del Ministerio de Transporte para gastar ese dinero. Lo más importante es que no se lo roben, que no hagan serruchos o, si no pueden aguantarse y nadie los controla, que por lo menos nos dejen un corredor vial decente. De lo contrario, va a seguir la enorme barrera en el desarrollo de nuestro país, donde ya nos tenemos que conformar con muchos años de atraso difíciles de nivelar, aun en comparación con otros países de la región.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Marcela Lleras

Otros héroes

Muy sospechoso

Los íncubos y súcubos de la Episcopal

Colgados de la brocha

Tal para cual