Por: Columna del lector

Viviane y la historia de “papá y mamá”

Por Óscar David Rodríguez

Tres meses antes de presentar el proyecto de ley de adopción por papá y mamá, la senadora Viviane Morales radicó un proyecto para modificar la Ley General de Educación. Su objetivo es volver a incluir la historia como una asignatura independiente en la educación básica y media.

La lectura de ambos proyectos de ley deja ver una diferencia sospechosa. Al observar lo aparente, se nota un trabajo más extenso y fundamentado en el proyecto sobre la asignatura de historia. Un enfoque plural que retomó la investigación nacional e internacional, conceptos de programas de formación en historia y agremiaciones de historiadores del país, así como la voz de los docentes.

Mientras tanto, en el proyecto sobre la adopción se encuentran exclusivamente referencias a estudios realizados en el exterior y se dice que en Colombia no se ha investigado al respecto. Sin embargo, no consultó a investigadores, agremiaciones y profesionales que estudian y trabajan con familias.

En el contenido de los proyectos llama aún más la atención la disparidad ideológica que reflejan. El proyecto sobre la enseñanza de la historia muestra un pensamiento democrático que reconoce una Colombia multicultural, cuya ciudadanía debe pensar críticamente en su realidad y su transformación con el apoyo de los saberes históricos.

¿Qué pasó entre abril y julio de 2016 para que la senadora abandonara la importancia de la historia, el enfoque en la diferencia y el cuestionamiento de las formas tradicionales de convivencia?

La historiadora Joan Scott, invitada por la Universidad Nacional, dedicó una conferencia a analizar la relación entre género y política. Una de sus ideas centrales señala que la política construye ciertas “fantasías” sobre el género para justificar y lograr sus fines.

Indiscutiblemente, el proyecto sobre adopción ha fortalecido la fantasía de “la mejor familia posible”, un imaginario que simplifica al extremo las condiciones para una vida familiar digna. Las mejores condiciones para la familia y la niñez no se agotan con la estructura familiar ni se reducen a una estructura fija como la de “papá y mamá”. La mejor familia posible incluye contar con adultos capaces y responsables; con los recursos materiales y culturales necesarios para sostener los vínculos y necesidades de la familia; con redes y servicios sociales que le den soporte; con políticas de apoyo a las familias, como quiera que sean.

Elizabeth Roudinesco, historiadora del psicoanálisis, ha develado esta fantasía. En su libro La familia en desorden, dedica varias páginas a mostrar cómo los divanes de los psicoanalistas han sido testigos de repudiables violencias, abusos y negligencias en las familias de papá y mamá.

Hoy contamos con relatos sobre abandonos, adopciones, paternidades y crianzas que no se ajustaron a “la mejor familia posible” y así construyeron país. En el Museo Nacional, en un recorrido guiado sobre la historia de vida familiar, se resalta a Antonia. Fue una de tantas mujeres esclavizadas a mediados de siglo XIX y quien asumió el cuidado de los niños de una familia donde el padre murió tempranamente, la madre sufrió desequilibrios mentales a causa de ello y el tutor dilapidó la herencia familiar. Uno de esos niños se convirtió en el presidente que abolió la esclavitud.

En voz de Elizabeth Roudinesco, es deseable que una nueva enseñanza de la historia permita reconocer que “la familia venidera debe reinventarse una vez más”.

 

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