Por: Luis I. Sandoval M.

¡Vivir, buen vivir, convivir!

Colombia necesita un programa que la guíe en la etapa de transición que se inicia, necesita un bloque de poder social y político que tenga capacidad moral, técnica y política para realizarlo y necesita un presidente, o presidenta, que lidere todo el proceso con inclusión máxima y sin polarización. Las elecciones parlamentarias y presidenciales que tendrán lugar entre marzo y junio de 2018 serán el momento para buscar el triunfo de esa opción. 

Las palabras que sirven de título a esta columna sintetizan el programa necesario. Vivir, buen vivir, convivir, es lo que la mayoría del país quiere y ello implica reorientar la economía, asumir las demandas de las regiones, tomar en cuenta las reivindicaciones de los movimientos sociales y los acuerdos a que se ha llegado con ellos para cumplirlos, los acuerdos a que se ha llegado con las insurgencias también para cumplirlos, los 17 objetivos del milenio adoptados por la ONU para realizarlos.  

Vivir, buen vivir, convivir implica reorientar la política y reformar las instituciones para que cumplan con los objetivos sociales del Estado. La política es la vida de la sociedad, ella sirve para solucionar problemas, realizar  proyectos colectivos, tramitar la pluralidad de visiones y aspiraciones de los distintos conglomerados sociales, darle coherencia y eficacia a los programas que triunfan a través de una gestión pública competente y transparente.      

El programa de vivir, buen vivir y convivir requiere un poder social y político que lo haga realidad. Ese poder nuevo viene gestándose hace tiempo en luchas de base, debates y acciones por la paz, la democracia, la justicia, los derechos, en gobernabilidades alternativas que incluyen constituyentes locales y gobiernos progresistas y de izquierda en alcaldías y gobernaciones. Ese poder está en el amplísimo espectro de fuerzas sociales y políticas alternativas hoy existente. 

Para pasar del estadio virtual al estadio de realidad efectiva ese poder necesita en el momento una vigorosa iniciativa política y un liderazgo lúcido de hombres y mujeres que se propongan ceder en sus legítimos intereses particulares y trabajar en función de la articulación y expansión de las fuerzas transformadoras que avanzan en el marco de la transición en curso. 

Más claro aún: para las elecciones de 2018 se requiere una fuerza plural que vote unida y se instale como líder indiscutible de un país que quiere vivir, buen vivir y convivir. Esa fuerza plural no resulta solamente del valioso  conjunto de expresiones sociales y políticas progresistas y de izquierda, es preciso tomar en cuenta también expresiones democráticas y liberales que han trabajado decididamente por el reconocimiento de derechos y la salida política del conflicto armado interno. 

Si el espectro alternativo no  se une y moviliza lo más probable es que en la primera vuelta de la elección presidencial en mayo salgan victoriosas dos vertientes de la derecha que se asemejan en  el programa de extractivismo económico, autoritarismo político y retroceso social. Podría ocurrir inclusive que, ya en el gobierno, la derecha se embarque en la realización de una asamblea constituyente para desmontar logros claves de la Constitución del 91 y perpetuarse en el poder. 

Si el espectro alternativo se une alrededor del programa de vivir, buen vivir y convivir, se formaría un bloque de poder social y político con posibilidades ciertas de llegar a la primera vuelta y triunfar en la segunda. Las excelentes precandidaturas de hombres y mujeres hoy en competencia, definidas en eventos partidarios o mediante la recolección de firmas, pueden recogerse en una fórmula rodeada entusiastamente por todos, asumiendo el voto como un ejercicio de movilización y construcción de poder.   

lucho_sando@yahoo.es

 

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