Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Volando por lo bajo en el aeropuerto El Dorado

Creo en la necesidad del progreso y la modernidad y estoy de acuerdo con el sistema de concesiones como una forma de financiar obras públicas ante las múltiples necesidades de gasto del Estado.

No obstante, es importante su desarrollo, al mismo tiempo que es necesaria una vigilancia más estricta de dichas obras, su ejecución y calidad.

Hace unos días viajé Bogotá-Leticia y vi con detenimiento lo que pasaba en el aeropuerto. Al llegar, la zona de descargue de pasajeros es muy limitada: si bien hay un doble carril para taxis, hay otro igual para carros particulares, pero es muy pequeño para el número de pasajeros que llegan por este medio. Con dificultad se logra bajar del carro y comienza la odisea para cruzar la calle y entrar al aeropuerto. No hay nada definido ni marcado, así que la gente se lanza por entre los taxis en diferentes puntos, creando un poco de caos con maletas que van en ambos sentidos.

Al entrar al hall e ir a un baño recién hecho, vi lo endeble que estaba, como si se fuera a caer, totalmente torcido. Caminé y llegué al aeropuerto viejo, que está próximo a ser derribado, pasé por entre locales abandonados y en medio de una maqueta que muestra cómo será de importante el nuevo aeropuerto y finalmente me topé con control de seguridad en la antigua zona internacional.

Se puede entender el abandono y el mal estado del edificio, pero el servicio es otra cosa: dos máquinas lentas, antiguas, ineficiencia en los procedimientos. Nos demoramos más de media hora para pasar, el tiempo no cuenta, no había con quién hablar si por alguna circunstancia se llega tarde.

Llegué a la sala de abordaje; cada vuelo tenía su propia sala, como debe ser, pero para abordar nos unieron con otro avión con posibilidad de equivocarnos y viajar a Barranquilla. Luego, tomé un bus pequeño y viejo, de asientos, inapropiados para llevarnos al avión; sólo cabían 15 personas, así que se demoró más la llegada de todos los pasajeros al avión.

Esta experiencia doméstica fue interesante y eso que dejaré para otra oportunidad hablar sobre el internacional, que ya se quedó pequeño y los materiales ya muestran desgaste en los puentes de abordaje.

Pero hay aquí dos temas a analizar: por un lado, la construcción y el mantenimiento de las obras. Las preguntas son: ¿quién las supervisa, quién define los diseños y la calidad de los materiales para que sean adecuados y durables? Por otro lado está la operación misma del aeropuerto, que deja mucho que desear.

 

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