Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

Volar está por las nubes

Me dice un amigo que un tiquete Cali-Bogotá-Cali le costó algo así como 500 dólares.

No lo podía creer y averigüé en una agencia de viajes y el precio es correcto. ¿Dónde quedaron esos gangazos que ofrecían pasajes de avión más baratos que los de los buses súper Pullman?

Parece ser que esas ofertas desaparecieron con el paro de Avianca, que al reducir en un 70 % sus vuelos se está dando el lujo de cobrar las tarifas más altas permitidas, oportunidad que están aprovechando las otras aerolíneas para que los inermes pasajeros paguen en dólares lo que sudan en pesos .

Aquí hay un aprovechamiento dijéramos que descarado porque con una demanda superior a la oferta las compañías aéreas “se pincharon”, y lo que dice Avianca que está perdiendo por un lado con el tal paro de los pilotos lo está ganando por el otro en una actitud especulativa propia de los monopolios.

Toda la bullaranga que se formó condenando a los pilotos, a los que volvieron añicos ante la opinión pública y hasta se les tildó de ser antipatriotas, se ha quedado en suspenso porque las pérdidas de la otrora Aerovías Nacionales de Colombia no son como para que se arruine.

Ahora, que haya el distractor de tiquetes “a huevo” es un decir porque se trata de un irrisorio porcentaje mínimo como para medio cumplir con un compromiso de papel.

Y como siempre, quien paga los platos rotos es el pobre usuario y la industria turística en general, que está padeciendo una baja en sus ingresos, esa sí preocupante y sin un panorama de recuperación a corto plazo .

Los colombianos perdimos Avianca, nuestra línea aérea nacional. Ya no es la emblemática compañía aérea de la cual nos sentíamos tan orgullosos. Ahora de colombiana no le queda sino el nombre. Es una multinacional más regida por cánones muy distintos a los que hicieron de esta empresa un ícono de nuestra nacionalidad.

 

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