Por: Elisabeth Ungar Bleier

Voluntad política y el proceso de paz

¿Qué es la voluntad política? A pesar de ser un término que se utiliza con frecuencia, no hay claridad sobre su significado ni sobre sus implicaciones en las decisiones públicas relevantes.

Generalmente, cuando se habla de voluntad política, ésta se circunscribe a los funcionarios del Estado, que como tales tienen injerencia sobre lo público. Pero esta mirada es limitada y limitante, porque desconoce la influencia que sobre éste ámbito pueden tener otros actores sociales, políticos y económicos.

Pocas veces el concepto de voluntad política había adquirido un significado tan trascendental como en Colombia hoy. Esta puede convertirse en el principal factor de éxito o de fracaso de los diálogos de paz, que se vienen desarrollando entre el Gobierno y las Farc en La Habana. Pero sobre todo, puede ser el elemento determinante de la posibilidad de generar, de mantener abiertos y de consolidar espacios de diálogo y de confianza entre la guerrilla y el Estado, y entre éstos y diferentes sectores del país para que los acuerdos se materialicen en acciones concretas, y en torno a ellos se movilicen todos aquellos que creen que alcanzar la paz no sólo es deseable, sino posible.

Se ha hablado mucho sobre los costos económicos de la eventual implementación de los acuerdos que se pacten en La Habana. Para sufragarlos, es necesario diseñar políticas y adoptar decisiones jurídicas, legales, financieras y económicas, para garantizar que las decisiones se traduzcan en hechos y soluciones reales. Pero poco se ha reflexionado sobre la voluntad política requerida no solamente para llegar a los acuerdos necesarios para hacer duraderos los consensos, sino para mantenerlos y proyectarlos más allá de la coyuntura de los diálogos. Es decir, para construir los cimientos del posconflicto y darles la suficiente sostenibilidad y fortaleza, para hacerle frente a los embates que desde diferentes flancos van a intentar deslegitimar y debilitar el proceso.

Voluntad política significa cumplir y hacer cumplir las reglas de juego, las agendas y los compromisos acordados, por encima de los intereses o conveniencias personales y de “verdades” que en el pasado se consideraban inamovibles. Generar las condiciones, para que lo acordado se traduzca en realidades de cambio y de profundización de la democracia. Facilitar la construcción de sinergias entre diferentes actores y sectores de la sociedad. Reconocer que es necesario moverse en un marco de realismo y de pragmatismo y aceptar que procesos como el que se ha iniciado entre el Gobierno y las Farc toman tiempo, que implican ganancias pero también renuncias. Voluntad política significa estar dispuesto a contribuir a la construcción colectiva de una agenda de paz.

Esto les compete en primer lugar al Gobierno y a la guerrilla, por ser los gestores de la agenda y de los acuerdos a los que se llegue. A los representantes del Estado y a los partidos políticos, de quienes dependerá su implementación. También al sector privado, a organizaciones de la sociedad civil y de manera muy importante a los ciudadanos, quienes deben constituirse en los principales garantes del proceso. Pero no se logra sin la voluntad política de todos.

Buscar columnista