Por: Columnista invitada

Volver al futuro

Isabel Cavelier Adarve*

En la movilización del pasado viernes 20 de septiembre, liderada por jóvenes de todo el planeta, más de 4 millones de personas salieron a las calles. Este suceso sin precedentes es para muchos una fuente de esperanza en medio de la ola de noticias catastróficas asociadas a la crisis ecológica. El mensaje fue claro: “el planeta está en llamas, haremos que nos escuchen”. La respuesta, - además de sonar todas las alarmas y actuar en consecuencia- es que recuperemos la capacidad de imaginar un futuro viable, positivo, y en el que podamos volver a soñar. 

Los jóvenes – y los adultos también – tenemos buenas razones para sentir miedo y ansiedad ante nuestro propio futuro y el de nuestros hijos. Los reportes de la ciencia han sido claros: la degradación de los ecosistemas que soportan la vida va en aceleración. Ante este panorama, la indignación ha impulsado a más ciudadanos a salir a las calles. El lugar común del clamor ciudadano, y su reflejo en los medios de comunicación, suele ser el miedo al futuro distópico que resulta tan fácil imaginar en las actuales circunstancias.  Ante el miedo la mayoría prefiere ignorar la situación: continuar con su vida diaria y albergarse en la certidumbre de la rutina, más segura (aparentemente); menos incómoda y angustiosa. 

Ese imaginario nos arrebata la capacidad de dedicar tiempo y esfuerzo a construir el proyecto de futuro que sí queremos vivir. ¿Cómo podemos crear un nuevo sistema, cómo podemos planear y ejecutar la transición, sin una visión clara de lo que queremos alcanzar? Dedicarnos a aumentar el nivel de consciencia de todos los ciudadanos sobre la verdadera crisis planetaria que estamos viviendo es importante y necesario. Pero es sólo el primer paso. 

El segundo y urgente, es construir juntos el nuevo sueño. Es poder escribir de nuevo el famoso “I have a dream” de Martin Luther King Jr., que marcó el antes y el después del movimiento por los derechos civiles y políticos en los años sesenta. Contar con una visión compartida del futuro es imperativo para que, a través de varios caminos, podamos llegar a él. Para que puedan surgir proyectos políticos que lo persigan. Para que podamos acelerar la transición económica necesaria para construirlo. Para que tengamos la valentía de abandonar paradigmas que se disfrazan de verdades absolutas y nos demos la oportunidad de tomar riesgos para alcanzar ese futuro.  

Hay mucho camino recorrido en la agenda de las soluciones al cambio climático y los demás fenómenos que en la era  del antropoceno están destruyendo nuestro hábitat. Proteger, restaurar y financiar la naturaleza es una buena manera de concebir lo que hay que hacer. A partir de ese avance podemos enfrentar la tarea narrar de nuevo nuestro propio futuro de nuevo, a pesar de los incendios y los deshielos, y también a causa de ellos. De contarnos el cuento y convencernos de que todo sí puede estar bien. De que la vida en este planeta sí puede continuar floreciendo. 

Para lograrlo, el principal obstáculo son quienes aun no están dispuestos a ceder sus intereses de corto plazo para que podamos construir ese sueño juntos. Quienes aun no han sentido el miedo real – o que prefieren albergarse en la cotidianidad inmediata para no sentir la responsabilidad de cambios que parecen costosos a nivel individual. Podrían despertar demasiado tarde, cerrando la ventana de esperanza para todos. 

Por eso es hora de hablar sobre la crisis de manera directa, honesta y realista, y sobre esa base, de construir juntos la salida. Está en nuestras propias manos cambiar la narrativa – en cada tweet, cada post, cada mensaje de whatsapp, en cada conversación de todos los días al desayuno. Hablemos de nuestro nuevo sueño. 

*Directora de Visión de Transforma, Asesora Senior en Mission2020

 

882272

2019-09-21T12:54:15-05:00

column

2019-09-21T12:55:34-05:00

pablocorreatorres_94

none

Volver al futuro

16

4093

4109

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitada

La paz simulada del presidente Duque