Por: Santiago Montenegro

¿Volver a empezar?

DÁNDOSELAS DE HEGEL, QUIEN DESpués de la entrada triunfante de Napoleón en Jena proclamó el final de la historia, Francis Fukuyama argumentó en 1992 el fin de la historia y de las ideologías después de la caída del Muro de Berlín.

Según él, la economía de mercado y la democracia liberal se habían impuesto en forma definitiva, no sólo sobre el comunismo, sino sobre todas las formas de organización social. Naturalmente, no pasó mucho tiempo para que viésemos que la historia no había terminado y que una multitud de nuevos sucesos, conflictos y contradicciones emergían por todas partes. Aunque en América Latina el cuento del fin de la historia no pegó —esa fue más una narrativa de los países capitalistas desarrollados—, los revolucionarios y los dictadores, y no pocos demócratas, han utilizado una narrativa contraria, de que es posible hacer borrón y cuenta nueva. No hablan del fin de la historia, sino de su comienzo. De que la historia puede volver a empezar.

Estas ideas han tomado un renovado impulso con motivo de la conmemoración de los dos siglos de la independencia política de España. Entre nosotros, la alta consejera para el Bicentenario, María Cecilia Donado, argumentó hace pocos días en la Quinta de Bolívar que tenemos que volver a empezar, pero no explicó por qué y cómo podríamos volver a hacerlo. Pero quien sí tiene unas ideas muy claras de cómo volver a empezar es Evo Morales. Quiere volver a empezar creando un gran ayllu —un territorio— a partir de la cultura aymara. Quiere volver a empezar eliminando los trescientos años de la colonización española y los doscientos de gobiernos y cultura criolla. Aparentemente, no le importa que no quepa la población criolla que se concentra especialmente en la mitad oriental de Bolivia, en donde están las provincias de Santa Cruz, Tarija, Beni o Chuquisaca, las cuales no están participando de las celebraciones oficiales del bicentenario. ¿Es posible construir una nación excluyendo a una parte de la población y pensando que se pueden borrar quinientos años de historia? Por supuesto, esas ideas de ingeniería social no son de la cultura aymara. Al contrario, son muy occidentales y se remontan a la Ilustración cuando se creyó que, aprendiendo de los avances de las matemáticas, la física y otras disciplinas, con el uso de la razón se podría construir una sociedad ideal de igualdad, libertad y fraternidad que resolviera pronto y para siempre los problemas de la humanidad.

Por la forma como acabó la Revolución Francesa y por las experiencias terribles de ingeniería social posteriores, como las de Stalin, Hitler, Mussolini, y otras más recientes, como la de Pol Pot, otra corriente del pensamiento político occidental —la democracia liberal—, se fue convenciendo de que la sociedad y las relaciones humanas son muy complejas, difíciles de entender y que por eso hay que ser más humildes, más cautos, que ningún ser clarividente ni ningún partido tienen la solución final a los problemas de la sociedad y que no es posible predecir el futuro; que lo mejor es aceptar la diversidad y las diferencias y que, por estas razones, la sociedad debe estar regida por instituciones y el poder debe estar limitado en el espacio y en el tiempo. En síntesis, que no es posible volver a empezar, que la historia es importante pero, sobre todo, para aprender de los errores pasados, para no repetirlos.

Se puede a veces volver a empezar en los estudios, en el deporte y quizá en el amor. Pero me dan terror quienes, teniendo el poder, argumentan que tenemos que volver a empezar.

 

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