Por: Tatiana Acevedo Guerrero

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En vísperas de las elecciones para asambleas departamentales de 1931, distintos departamentos en el país amanecieron en un clima de amenazas contra líderes e incertidumbre. Los conservadores, que detentaban mayorías en las corporaciones públicas, no estaban dispuestos a perderlas, y los liberales pretendían controlar el poder regional luego del éxito en las elecciones presidenciales. Norte de Santander fue uno de los lugares en que repertorios de violencia fueron denunciados ante la prensa y el Gobierno nacional. Se destacó entonces el carácter partidista de la policía regional y de cuadrillas armadas privadas que el Estado contrataba para el cobro de las rentas de licores.

En el archivo de telegramas oficiales reposa un informe del Ejército Nacional escrito desde el municipio de Arboledas, al norte del departamento: “Danme cuenta de peligrosa situación confronta esta región. Escolta cinco soldados, encontrábase allí, fue atacada y herido gravemente sargento encargado. Cadáver una mujer encuéntrase botado en la plaza sin que haya podido levantarse”. El panorama, afirman también estos telegramas, debía ser entendido en el tejido de la frontera. Pues aunque los enfrentamientos se dieron dentro del marco bipartidista, contrabandistas y delincuentes comunes participaron en la confrontación apoyando a algún bando, en la búsqueda de controlar (o influir) la burocracia local.

Pese a tantos cambios arrastrados, entre otras cosas, por la introducción del narcotráfico en el país, estos episodios de elecciones violentas (en que ejércitos privados al servicio de intereses políticos y económicos intervienen en comicios a través de las armas) han marcado los ritmos de la historia nacional. A lo largo de los 80, 90 y en los primeros años de la década de 2000, el departamento de Córdoba fue uno de los lugares en que repertorios de violencia fueron denunciados frecuentemente, principalmente en antesalas electorales. Los grupos paramilitares, agrupados en las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, consolidaron control territorial y electoral, aupados por élites económicas y políticas en una amalgama que no sólo ocupó cargos públicos locales y regionales, sino que también gozó de dividendos a través del cobro de rentas y el control de la contratación pública.

Tras este periodo de violencias electorales, periodo en que se eliminó a cualquier voz opositora desde el Ejecutivo y Legislativo regionales (también desde la Universidad de Córdoba y la Corporación Autónoma Regional de los valles Sinú y San Jorge), el departamento recobró cierta calma con los acuerdos de paz con las Farc. No obstante, desde finales de 2018, no sólo el llamado Clan del Golfo sino también grupos de exmiembros de las Farc que se reciclan en la criminalidad hacen que se vuelva a lógicas de amenaza y angustias. Verdad Abierta reporta cómo “desplazamientos forzados, confinamientos, minado de trochas y caminos son las realidades que enfrentan hoy las comunidades campesinas del departamento”.

En este contexto, reclamantes de tierras, dirigentes y funcionarios que no colaboren con los distintos ejércitos están siendo amenazados. Alcaldes y secretarios de gobierno desempeñan sus funciones bajo amenazas de muerte. Y no menos de 56 docentes de instituciones públicas de Córdoba se encuentran extorsionados y amenazados. Carlos Mazo, profesor de español y literatura en zona rural de Puerto Escondido, fue asesinado esta semana.

Como en 1931, la violencia podría estar asociada al interés electoral de varios grupos ilegales. Tanto Verdad Abierta como la Liga contra el Silencio reportan que esta arremetida tiene que ver con los comicios para alcaldes y gobernadores, concejales y diputados que se realizarán el próximo 27 de octubre. Ana Carolina Sánchez, directora de la Defensoría del Pueblo regional, reconoce la probabilidad de que en las elecciones de octubre puedan ganar candidatos vinculados a grupos armados ilegales. Su oficina elabora hoy un informe “que expondrá en detalle la probabilidad de que los cargos de elección popular queden en manos de bandidos”.

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