Por: Columnistas elespectador.com

Volver a ser grandes

Hace unos años, saliendo una tarde del Nemesio, Emilio se volteó y se sinceró: “Papi, yo mejor quiero ir por varios equipos, no sólo por el Santa Fe”.

Un frío me recorrió de arriba abajo. Lo único que he tratado de conducirle en su vida ha sido el amor por el Santa Fe, pero él, por unas cuantas frustraciones —tendría unos cuatro años entonces— esa tarde mandó al carajo mi tozudez.

¿Debía insistir en que fuera rojo o dejarlo en libertad para escoger? ¿Y si me salía gallina? La presión de sus amigos bien podía producir semejante exabrupto. Pero, ¿era justo trasladarle la experiencia de no ver a su equipo campeón, vivir del cuento de que fue el primero, ver sumar estrellas a los otros e irse quedando rezagado...

No sé si fue por puro amor filial, por su paso por las escuelas de formación, por el título de la Copa Colombia que hicimos parecer importante, por salir con el equipo alguna tarde, por los goles de Léider siempre memorables o por la suma de todo eso, pero en plena libertad —seguro— Emilio se definió rojo.

Si ayer fuera hoy qué fácil hubiera sido todo. Porque para eso sirven los títulos. Para crear, afianzar o renovar una afición. Y con ella es que los equipos se fortalecen, crecen, son grandes. A partir de este 15 de julio de 2012 Santa Fe recupera su grandeza. Y no sólo por el título, sino por cómo lo consiguió.

No hubiera sido lo mismo ganar la estrella con el “Ferrari” que hace unos años se quiso montar, con financiación cuestionable por cierto. Un equipo con jugadores de paso, llamados por la plata, con un técnico pomposo no es el Santa Fe que apasiona.

Este campeón, en cambio, es pura esencia santafereña. Estos héroes de la séptima, la mayoría formados en la institución, que con sacrificio, profesionalismo, serenidad, orden y amor por la camiseta pasaron por encima todo el año de jugadores de mayores quilates y, quizá, más talentosos son la expresión máxima de esa garra cardenal que nos mantuvo fieles a pesar de las frustraciones repetidas.

Anoche Emilio me llamó desde Toronto, feliz, orgulloso de haber seguido la final por internet, agradecido de ser rojo. Ya no hay remordimiento paternal alguno. Inquieta, sí, saber que Emilio tiene hoy los mismos 10 años que tenía yo en 1975. Pero este Santa Fe ha vuelto a ser grande y solamente equivocaciones similares a las que vivió administrativamente y en su propiedad en estos 36 años podrían revivir la frustración. Dudo que se repitan. Este título es garantía de un camino que se ha iniciado y hay que continuar.

¡Y vamos los leones!

* Fidel Cano Correa / Director de El Espectador

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