“Volveremos y seremos muchos”

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Eráse una vez un presidente indígena, que había sido cargado en los brazos del pueblo. De líder del movimiento cocalero al palacio presidencial, algo impensable en una Bolivia tradicionalmente oligárquica. Para muchos la legítima representación del caudillismo latinoamericano, para otros la humanización de la política y el anhelo de una democracia social en el continente.

Evo, el presidente que repitió una y otra vez que “la democracia no termina en el voto y sí en el contacto permanente con los movimientos sociales”, que afirmaba en uno de sus tantos gestos metafóricos" que no utilizaba corbata porque consideraba que esa dividía los pensamientos de los sentimientos".

Elegido en 2006, simbolizó la victoria de los movimientos sociales en Bolivia y la llegada al poder del primer presidente indígena en el continente.

A partir de ese día, el presidente Evo Morales y su vicepresidente Alvaro Garcia Linera, el intelectual que hizo una relectura de las prioridades y necesidades históricas nacionales, iniciaron una transformación histórica en una Bolivia que era hasta entonces considerada uno de los países más pobres y  desiguales  de la región.

El gobierno del presidente Evo Morales significó prosperidad, crecimiento económico y rescate de la dignidad, de la cultura e identidad indígena boliviana.

"En 13 años, él PIB pasó de 11.000 millones a 40.288 millones de dólares, la pobreza pasó de 59,9% a 34,6% y la pobreza extrema de 38% a 15%, el desempleo de 8,1 a 4,2, el salario mínimo de 60 a 310 dólares y el analfabetismo de 15% a 3% y la expectativa de vida de 65 a 70 años. Logró mantener un crecimiento continuo promedio de más de 4% al año, inició un proceso de modernización, recuperó la soberanía del Estado sobre sus recursos naturales y dio voz a una población indígena invisibilizada a lo largo de la historia.

Sin embargo, pareciera que esos cambios estructurales no fueron suficientes para mantener el apoyo de su base electoral tradicional y de la clase media que emergió durante su mandato. El descontento de algunos segmentos que lo llevaron al poder aunado al poder mediático indicaba el fin de la Era Morales.

La división de Bolivia en dos se vio más marcada a partir del 21 de febrero de 2016, cuando se realizó el referéndum constitucional para permitir una modificación a la Constitución que lo autorizara presentarse a una nueva reelección de forma consecutiva, lo que representaría la 4ª elección del presidente Evo Morales.

Venció el No con el 51,3% de los votos, lo que lo imposibilitaba competir en las elecciones presidenciales de 2019. A pesar del resultado, él decidió entrar nuevamente a la contienda política, previo aval de la CIDH.

La derrota en el reférendun era una clara señal que el presidente Evo Morales había empezado a perder apoyo en su base popular. No obstante, él y su círculo cercano minimizaron este hecho y no dimensionaron la voracidad y el poder de sus opositores externos e internos para sacarlo del escenario político boliviano en las urnas o por el uso de la fuerza.

El presidente Evo Morales venció en las elecciones, con una diferencia de diez puntos. Ante sospechas y denuncias de fraude e irregularidades, la auditoría de la Organización de los Estados Americanos - OEA recomendó la repetición de las elecciones.

¿Cómo creer en la OEA si históricamente nos ha quitado tanto?

Las supuestas evidencias encontradas en las papeletas, el corte de la luz durante el conteo de los votos abría la fisura entre las dos Bolivias. ¡Era demasiado tarde!

Días después, el presidente boliviano pierde el apoyo del Ejército y de la Policía y denuncia un golpe de Estado.

Días más tarde él y García salen rumbo al exilio en México y renuncian con el objetivo de mantener la paz y la estabilidad en Bolivia.

Después de 13 años en el poder, el MAS dejaba la presidencia y Evo Morales se despedía temporalmente de una Bolivia polarizada y dividida.

A partir de ahí, Bolivia empezará con desesperación y dolor una búsqueda de sí misma: un gobierno interino que atropella la Constitución, un ex presidente en el exilio y una población campesina e indígena vulnerable, muertos, heridos, represión policial e  impunidad.

Este domingo Bolivia realizó una nueva elección, tal vez la más importante de los últimos tiempos. El día en que los bolivianos van a decidir democráticamente si retroceden o avanzan. Los observadores internacionales han apuntado irregularidades desde hace varios días, se suspendió el conteo rápido de votos y los resultados oficiales serán divulgados hasta el miércoles.

Diferentemente de las elecciones de 2019, la presidenta de facto pidió paciencia a la población, pues la mala conectividad con algunas regiones atrasará el conteo de los votos.

Es la primera vez en dieciocho años que el nombre del Presidente Evo Morales no aparece en las papeletas, pero su presencia es muy fuerte. Luis Arce, candidato del MAS ha liderado la intención de voto, Carlos Mesa el candidato del centro es su fuerte contrincante.

La Bolivia que espera con ansiedad y temor los resultados electorales, en apenas 11 meses volvió a tener 1 millón más de pobres, 12% de desempleo, 80% de informalidad, 56% de la industria está paralizada. De 3 comidas se pasó a 2 y en zonas pobres del campo solo 1,

El presidente Evo Morales tenía razón: “la democracia no termina en el voto”, los movimientos sociales juegan un papel preponderante en contextos de transformaciones estructurales profundas. A Diferencia de lo que pasó en otros países de América del Sur el MAS nunca salió de las calles.

Hace algunas horas fue divulgado el resultado en boca de urna. No habrá segunda vuelta, el candidato Luis Arce, ganó con una sorprendente diferencia de 20 puntos.

El presidente Evo Morales había dicho en su libro publicado recientemente: “Volveremos y seremos muchos”. Desde el exilio, él puede estar seguro que dejó millones de Evos y Garcías en Bolivia.

La victoria del Presidente Evo Morales indica que hoy el continente puede volver a soñar.

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