Vota Biden

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Después del discurso de esta semana en una planta metalúrgica de Pensilvania, si pudiera no dudaría en votar por Joe Biden. En esencia, la propuesta contiene una enorme rectificación de los aspectos más dañinos de la plataforma de Trump. Para tropicalizar sus ideas, el lema que pudiera aplicársele es “Primero los pobres”. Una reforma fiscal que aumente la recaudación en cuatro billones de dólares con destino a un fuerte programa de inversión pública en pro del empleo, la eliminación de las gabelas a los ricos, la expansión de la sanidad pública, en fin, un cambio en las precedencias. “Es hora de dar la vuelta a las prioridades en este país. Ya toca acabar con esta era de capitalismo de accionistas. La idea de que la única responsabilidad de una empresa es con sus accionistas es una farsa absoluta. Tiene una responsabilidad con sus trabajadores, su comunidad y su país”.

Adicionalmente, para golpear a Trump en aquello que más le ha servido, alienta un nacionalismo en lo económico. Una vigorización de la industria nacional y un llamado: “Estadounidense compra estadounidense”, que tiene como objetivo recuperar el voto de los trabajadores sin la arrogancia del actual mandatario.

Y en términos de lenguaje electoral, el impulso al grupo de trabajo Biden-Sanders como una muestra de unificación de centroizquierda.

Para nosotros los latinoamericanos, sin embargo, la mancha es que da por terminada la era de la cooperación, las fronteras abiertas y ese hálito inspirado del internacionalismo impregnado de derechos desde Kennedy hasta Obama. Nacionalismo es el nombre de una de las secuelas que nos dejará el COVID-19.

Este programa de gobierno satisfaría con creces nuestras propias urgencias. Si a una tributación verdaderamente progresiva, una gestión de empleo y una ampliación de la presencia pública en el sistema de salud agregamos lo autóctono, esto es, lucha contra la inequidad, reforma rural para sacar al campesino de la situación de servidumbre y un ejercicio para combatir la corrupción y la política sucia, tendríamos acá una bella oportunidad también para un ideario integrado de centroizquierda.

Este último elemento se ve cada vez más lejano. En la campaña pasada Petro mostró un acercamiento a las tesis liberales. Con el triunfo del Centro Democrático se abrió la expectativa de una consolidación de ese centroizquierda. El doctor Petro ha venido alejándose cada vez más del centro, tanto en lo ideológico como en lo personal. Sus ataques permanentes e injustificados a figuras de centro enrarecen el ambiente de manera preocupante. No sé si todavía es tiempo. Si todavía quedan los estribos que permitan nuevamente tender puentes. Insisto en el método que ya expuse. Un ejercicio de ingeniería inversa. Primero, qué no estaríamos dispuestos a hacer. Segundo, qué programa concreto adoptaríamos. Tercero, pacto de gobierno coaligado de cara a la gente. Y solo por último, reglas de juego mecánicas para escoger a un candidato.

De lo contrario, no se puede descartar un triunfo de la derecha, seguramente con un candidato mimetizado, más o menos tecnócrata, a cuyo alrededor se aglutinará la derecha plutocrática.

Aproveché la pandemia para releer el fin de la República española: el centroizquierda, dedicado a disputas intestinas. La derecha, con un solo líder, disciplinado y feroz.

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