Por: Elisabeth Ungar Bleier

Votar es más que marcar un tarjetón

LA MAYORÍA DE LOS ANÁLISIS SOBRE los resultados de las elecciones parlamentarias del pasado 14 de marzo han coincidido en llamar la atención sobre las fallas de la Registraduría, sobre la elección de cerca de treinta congresistas con nexos directos o indirectos con sectores relacionados con la parapolítica, sobre los buenos resultados obtenidos por los candidatos del Partido Verde y sobre la baja votación de Compromiso Ciudadano.

Sin embargo, pocos han analizado el papel que jugamos los ciudadanos en las pasadas elecciones y qué responsabilidades nos compete asumir frente a los resultados. Quizás uno de los hechos más preocupantes es la ausencia de sanciones políticas, éticas y morales contra quienes ejercen diferentes modalidades de coacción contra el libre ejercicio del voto, y contra las y los candidatos y los partidos cuestionados por su cercanía con sectores vinculados con la criminalidad y que pusieron —literal y figurativamente— al anterior Congreso en la Picota pública. Esto ayuda a entender por qué ellas y ellos salieron elegidos, a pesar de que, quizás como nunca antes, gracias a los medios de comunicación y a las denuncias de varias organizaciones sociales, los electores sabían quiénes eran, quiénes los estaban apoyando y qué intereses representaban.

Desafortunadamente esta actitud pasiva por parte de muchos ciudadanos refleja un problema más de fondo que consiste en asumir que “todo vale”, que las cosas no van a cambiar, que qué importa si salen elegidos, porque en últimas, “todos los políticos son iguales”.

A esto se suma la falta de acciones concretas y contundentes por parte de las autoridades competentes, de los órganos de control y del propio para evitar que los mentores de estas personas, quienes a pesar de tener prohibido participar en política, no ahorraran esfuerzos para promoverlos públicamente.

En contraste con lo anterior, merece destacarse la baja votación que obtuvieron los artistas, locutores deportivos, modelos, ex reinas de belleza y demás personajes de la farándula, quienes pensaron que su visibilidad mediática bastaba para ser elegidos y para competir con tantos otros candidatos que sí se merecían llegar al Congreso. Esto es una actitud engañosa, en la que por fortuna los electores no creyeron, que pretende hacerles creer a los ciudadanos que se puede hacer política a costa de los políticos y hablando mal de la Política.

También es alentador que los electores privilegien con su voto a los partidos y candidatos que, por encima de sus propias aspiraciones, le apostaron a fortalecer su organización política como elemento esencial para construir un proyecto político colectivo de largo plazo. Es decir, a buscar representación en el Congreso y a fortalecer las instituciones políticas, como lo hizo el Partido Verde.

En medio de este panorama agridulce, comienza la campaña por la Presidencia de la República. Ojalá los colombianos hayamos aprendido la lección y no votemos por un presidente que esté dispuesto a hacer alianzas con los congresistas cuestionados, como sucedió en el pasado. Votar es más que marcar un tarjetón.

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