Por: Catalina Ruiz-Navarro

Votar por un proyecto de país

Cuando voté en primera vuelta por Humberto de la Calle lo hice convencida de que era el mejor candidato. Entendía que De la Calle tenía pocas posibilidades de pasar a segunda vuelta, pero quería darme un gusto que sólo se puede en primera: un voto de opinión que no fuera por miedo, o por quien me pareciera “el menos peor”. Mi corazón se hundió al día siguiente, no porque De la Calle sacara tan poquitos votos, sino por su anuncio público de un voto en blanco, cuando él mismo nos había advertido de los peligros de Uribe III para los acuerdos de paz, cuando hace apenas unos días celebraba la idea de apoyar al candidato que pasara a segunda contra Duque, ya fuera él, Fajardo o Petro. Tuve la misma sensación de orfandad de elecciones pasadas, igual que cuando perdió Mockus o cuando perdió Carlos Gaviria. Lo de Mockus fue especialmente duro porque luego de que perdiera contra Juan Manuel Santos en 2010, la Ola Verde se dispersó tan rápidamente como se había formado.

Para mí no fue difícil decidirme a votar por Gustavo Petro y Ángela María Robledo en segunda vuelta pues, salvo por la idea de hacer una constituyente, que ya no hace parte de su programa, la propuesta de Petro siempre me ha parecido buena, específicamente porque tiene por prioridad la garantía de los derechos humanos. Por imperfecto que sea Petro, no es Uribe III, recargado con lo más esmerado de nuestra corruptela, una tenebrosa amenaza a las instituciones, a las libertadas individuales y a los derechos de las mujeres. Aun votando por Petro, yo no me declararía “petrista”. La expresión no me hace sentido, pues yo no estoy votando por una persona, Petro, sino por un proyecto de país al que se han ido sumando varias causas: los derechos de la comunidad LGBTI, las víctimas, ambientalistas y animalistas, feministas y activistas por los derechos de las mujeres, entre muchas otras, que aunque son tremendamente diversas, son compatibles, pues ponen el bienestar social y la vida de las personas primero, llámenlo “un país donde quepamos todos” o “Colombia Humana”.

No querer “poner un afiche de Petro en mi cuarto” (como me dijo una amiga) es quizás el mejor de los mundos para un voto democrático. Si Petro gana yo tendré la distancia crítica para hacer veeduría ciudadana de su gobierno, y si pierde, no tendré “el corazón roto”, porque no voté infatuada. En los días que han pasado desde la primera vuelta se ha conformado un movimiento ciudadano en donde la gente está organizándose y trabajando por iniciativa propia para defender la paz. A muchas de estas personas ni siquiera les gusta Petro, pero son capaces de entender este momento histórico que nos exige tomar partido. A diferencia de la Ola Verde, este movimiento ciudadano no gira en torno a una personalidad, por eso quiero pensar que si Petro pierde no nos desintegraremos, estaremos en resistencia para defender nuestros derechos fundamentales. No se trata de Petro, se trata de una ciudadanía que quiere un país más justo.

Así que este fin de semana votaré por Petro, incluso con más satisfacción que cuando voté por De la Calle. Porque no estoy votando por mis gustos o mis caprichos, o por estar aferrada a la idea de un candidato “perfecto”, que obviamente no existe. Estoy votando por una democracia en donde podamos elegir, no al “que nos diga Uribe”, sino según lo que consideramos que es la prioridad para este país. Y eso no se encarna en un solo candidato. Estoy segura de que la gran mayoría de quienes votamos por De la Calle, Fajardo y Petro lo hicimos teniendo por prioridad la defensa de los derechos humanos y la implementación del Acuerdo de Paz. Eso es un proyecto de país más grande que los votantes o los candidatos como individuos, y quizás ese era el “giro copernicano” que necesitamos para asumir una ciudadanía madura y crítica.

No, Petro no va a “resolver todo”, porque no es Dios ni nuestro padre. Es un tipo que dejó exitosamente las armas y lleva más de 20 años comprometido con las vías democráticas y luchando contra la corrupción. Su fórmula vicepresidencial, Ángela María Robledo, es una feminista respetada porque lleva años conectada con organizaciones de base y trabajando por los derechos de las mujeres. Tuvieron la votación más grande que en los últimos años ha tenido una opción política alternativa frente a nuestro pantanoso statu quo. Nunca habíamos estado tan cerca de cambiar la forma de hacer política en este país. En vez de votar por un ser humano falible que no puede saciar mágicamente todas nuestras expectativas, podemos votar por un proyecto de país en el que cada uno de nosotros está cumpliendo su parte y en donde el gobernante no es ni nuestro capataz, ni el delfín de turno, sino un servidor público que obedece a los ciudadanos.

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