Candidatos a la Alcaldía de Bogotá: ¿Qué proponen para proteger el medio ambiente?

hace 1 hora
Por: Alberto López de Mesa

Votaré por el arte

Los gurús de la Economía Naranja no consideran, o no les interesan, los modos alternativos de economía que se ingenian la gran mayoría de artistas en Colombia para producir y difundir sus obras.

Antes de la fama, sin la vinculación exitosa a grandes empresas que requieran de su creatividad, pintores, escultores, escritores se dan mañas para vivir de su oficio recurriendo al canje, al trueque, al mutualismo; particularmente los que ofician las artes escénicas: grupos musicales, teatro, títeres, danza, pantomima, cuenteros, etc. Recurren a formas de economía colaborativa, se dan con frecuencia las empresas familiares, pero también sociedades que desde la amistad se reúnen en un garaje o en una terraza y cada cual aporta, además de su talento, lo que pueda de su alcancía personal, así, impulsados ante todo por las ganas de crear, han nacido muchos e importantes grupos artísticos del país, algunos de sus talentos surten las demandas de la televisión, de compañías del espectáculo comercial, pero fundamentalmente son ellos los que van a las escuelas, a los barrios, a las plazas donde nunca llega el show business, los que han deleitado y asombrado a niños y adultos de lugares marginados de la cultura oficial.

Estas espontáneas empresas artísticas casi siempre se constituyen en fundaciones, asociaciones o corporaciones para favorecerse de las ventajas tributarias que les da el ser entidad sin ánimo de lucro. Más por ello, nadie puede decir que son empresas informales, porque pagan impuestos, varios han logrado construir sedes y teatros propios, son empleadores, se mantienen produciendo obras artísticas de calidad, y son estas agrupaciones las que constituyen la más tangible y eficaz vida cultural del país, los que representan la Nación dentro y fuera de sus fronteras, gracias a lo cual logran pellizcar presupuestos del Estado, en programas de concertación, de fomento y de estímulos a la cultura.

En realidad los gobiernos no asumen el arte como un factor incidente en el desarrollo, salvo en el rango que aporta al PIB: la industria editorial, empresas de espectáculos masivos, la industria del entretenimiento, es decir las industrias culturales. Por lo mismo en los planes de desarrollo, si acaso se contempla en último renglón proyectos de infraestructura cultural: bibliotecas, cinematecas, museos. Y en los programas de quienes aspiran a gobernar los municipios la palabra arte nunca aparece.

En estos días, previos a las elecciones de alcaldes y gobernadores, los artistas invitamos a los candidatos y candidatas, a contemplar en sus programas la función transformadora del arte. Por ejemplo:

Si en los municipios de Colombia, se reglamenta que todas las instituciones educativas, desde la primera infancia hasta la educación superior, deban ofrecer al alumnado tres eventos artísticos al semestre, se estaría contribuyendo a superar la enseñanza nemotécnica, abonando la inteligencia sensible, la percepción estética y crítica, a la vez que se favorece la circulación de las obras de arte y la condición económica de los artistas, entonces, ahí si, para el gusto de la economía naranja, los creadores se arriesgarán a hacer préstamos bancarios, para cualificar sus equipos de sonido, de luces, para adquirir un vehículo que les facilite cumplir con la demanda.

Si además, los municipios invierten en museos, en auditorios, si los parques urbanos, además de canchas deportivas, se dotan de concha acústica, o al menos de una tarima, y los alcaldes menores, los ediles, las juntas de acción comunal, concertan una programación que incluya también a las expresiones artísticas de cada barrio, sin duda, mejorará la convivencia, se propiciará el encuentro y la participación en torno a la cultura, al arte, al esparcimiento edificante y transformador, la policía funcionaria más como facilitadores cívicos, de pronto de apoyo logístico, porque los rituales artísticos contrarrestan la inseguridad en tanto le aportan a las nuevas generaciones otras éticas, otras ilusiones, otra noción de la realidad.

En vez de perseguir y reprimir a los artistas callejeros que hoy se ubican en los paraderos, a las salidas de los cines, en las estaciones de Transmilenio, lo justo sería cualificarlos, ayudarles a dignificar su oficio y en concordancia con las corporaciones de turismo, formalizarlos y ubicarlos en puntos estratégicos de la ciudad, donde su expresión contribuya al civismo y a la vida cultural de la municipalidad, unos pintando, otros danzando, actuando, cantando, en fin exponiendo al publico, oriundos y turistas, expresiones estéticas que enriquecen el paisaje urbano y transforman la cotidianidad.

Esa es una concepción humanista del desarrollo en la cual, por supuesto, deberá involucrarse la empresa privada, porque todos saldremos favorecidos con la resiliencia social que genera el arte.

Con gusto, yo y los artistas del país, votaremos por quienes sean capaces de incluir, en sus programas de gobierno, al arte como insumo pertinente en todo plan de desarrollo.

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2019-08-13T11:33:08-05:00

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2019-08-14T13:49:06-05:00

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