Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Por qué voté y por qué trabajaré

Como ambientalista voté por Santos, no porque esté satisfecho con lo que hizo en términos ambientales durante sus primeros cuatro años de gobierno sino por las amenazas y el retroceso que para los ambientalistas significaba que Zuluaga y el uribismo subieran al poder.

Voté contra Uribe porque Uribe destruyó el Ministerio de Medio Ambiente e intentó destruir la institucionalidad ambiental. Mientras impulsaba a fondo la actividad minera, fusionó el Ministerio del Ambiente con el de Vivienda y pretendió limitar lo ambiental a una débil tramitología.

Voté por Santos porque, dado su explícito propósito de que Colombia sea aceptado en la OCDE, sabemos que podemos presionar para que en el próximo Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 se comprometan recursos financieros tres o cuatro veces mayores que en el actual para garantizar una adecuada gestión ambiental. Voté por Santos no por lo que hizo sino por lo que espero que haga y porque estoy seguro de que el uribismo no lo haría.

Los ambientalistas votamos por la paz y sabemos que los acuerdos de La Habana son una plataforma para trabajar el tema ambiental. Se requiere sostenibilidad ambiental si queremos una paz justa y duradera, y el posconflicto significa riesgos y oportunidades.

Queremos que nuestros hijos sean la generación de la paz y también que sean quienes caminen el sendero de la sostenibilidad en un país que le apunte a la vida y a un ambiente sano. Cumplirles a los más pobres y a los más vulnerables es buscar hacer uso sostenible de nuestra base natural.

Reconstruir las regiones azotadas por la violencia es pensar en su desarrollo sostenible y no sencillamente en su crecimiento económico de corto plazo. Si, como dijo el presidente en su discurso, “se va a corregir todo lo que hay que corregir”, hay que empezar por una moratoria minera, mientras se fortalece la institucionalidad ambiental y se termina de poner la casa en orden. Hay que llegar a los acuerdos de paz con seriedad y decisión, pensando una Colombia en paz con el medio ambiente. El ambiente, hasta ahora, ha sido una víctima del conflicto.

Una paz justa y duradera sólo será posible si en los espacios de construcción de la paz trabajamos desde los principios de sostenibilidad y no desde la premisa de maximizar los resultados de corto plazo, haciendo más de lo mismo. En su discurso, el presidente Santos habló de crecimiento y equidad, y al día siguiente dio unas pinceladas para incluir y dar sentido a la palabra sostenibilidad en su programa.

En el discurso habló de “trabajar en equipo para lograr un sueño”. Hay muchas tareas ambientales pendientes. Habló de descentralización y profundizar la gestión social en las regiones, pero no mencionó el medio ambiente. En su discurso Santos olvidó que la OCDE señaló que el país no pasó el examen en términos de sostenibilidad ambiental.

Como ambientalista espero no arrepentirme de haber votado por Santos y me atrevo a proponer a Manuel Rodríguez Becerra como ministro de Medio Ambiente. La paz va en serio y esperamos que la gestión ambiental también.

 

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