Por: Iván Mejía Álvarez

¿Voto de confianza?

El fútbol no se detiene. Terminada la Copa América llega el Mundial Sub-20, aunque muchos todavía no se hayan enterado de que el torneo se va a efectuar desde el viernes en Colombia. El tema publicidad, promoción interna, búsqueda de un sentimiento fue un desastre.

El torneo tiene el carácter del presidente de la Federación, Luis Bedoya, es decir, completamente introvertido y unipersonal. Bastante se le dijo a Bedoya que soltara un poco, que no se comportara como un autista, pero el hombre no cedió y así será el torneo.

La historia dice que los torneos que ha organizado el país siempre deparan grandes resultados. Clasificaciones a Olímpicos con Édgar Barona y Toza Veselinovich, una Copa América con Francisco Maturana, título en el Sub-20 del Eje Cafetero con Lara. Colombia ha aprovechado bien el factor localía, le ha sacado provecho y la afición espera que este Mundial no sea diferente. El éxito depende en gran parte de la actuación del anfitrión. Si a la selección le va bien, el torneo gana en interés.

Existen motivos para creer que el seleccionado puede cumplir un gran torneo, es decir, meterse entre los cuatro, tras el fracaso absoluto en el Suramericano de Perú y el paliativo de ganar el invitacional de Toulon. Si no fuera por la condición de local, por el aprovechamiento de la altura de Bogotá, por el ingreso de James Rodríguez, pocos apostarían por un resultado positivo. La credibilidad de Lara es bien relativa y son más los que tienen dudas de su real capacidad que los que confían en el hombre.

Es válido aceptar que el técnico le ha dado retoques  positivos al equipo. Cambió la zona izquierda de la defensa y la llegada de Murillo y Quiñónez asegura nivel y jerarquía en un sector donde lo que había era flojo. En el medio es donde se sabrá si Lara ha logrado meterle trabajo táctico, gran falencia en el suramericano, donde se vio un equipo con 42 partidos de preparación y cero nivel en recuperación, coberturas y doblajes.

La presencia de James puede ser fundamental para el entramado ofensivo. El muchacho del Porto es bueno, sabe, juega y hace jugar, y su presencia le da un plus atacante donde más le duele al fútbol nacional: en el gol.

A pocos días del inicio del Mundial todos, incluido Lara y el equipo, saben que el rodaje del equipo hacia las finales compromete el éxito global. Si Colombia gana, la fiesta se prende. El público los va a acompañar y en primera instancia les da un voto de confianza. Si el equipo destiñe, todos nos vamos a aburrir.

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