Por: Laura Rojas Aponte

Voto electrónico: ¿sí o no?

Es un poco raro que en el mismo año en el que usamos computadores para pagar los servicios y conexiones wifi para ver el Mundial, también estemos usando hojas de papel y esferos Kilométrico para elegir a un presidente. ¿No les parece anacrónico? La intuición indica que es momento de implementar más tecnología en las elecciones—y mudarnos al voto electrónico—, sin embargo, esa alternativa todavía deja muchas preguntas.

El término “voto electrónico” contempla votaciones donde se usan computadores en momentos clave; puede ser para votar, para contar los votos o para enviar resultados de un lugar a otro. Digamos que no es un término muy preciso. Se usa cuando una elección se vale de “medios electrónicos” y por eso hay varias opciones en el menú. Brasil, la India, Estados Unidos y otros países han elegido gobernantes usando versiones distintas del voto electrónico. En Colombia ya existe una legislación que ordena implementarlo, pero la cosa va lenta.

Hay que reconocer que los computadores nos darían ventajas. Para comenzar sería más barato y más rápido automatizar las elecciones, incluso más preciso. ¿Qué tal si en lugar de seis jurados de votación tuviéramos a una máquina contando balotas al final de la jornada? Por otro lado, los equipos podrían ayudar a disminuir la suplantación de votantes, como indicó la MOE en un comunicado donde sugiere usar identificación biométrica. En internet hay una lista larga de argumentos a favor del voto electrónico, incluso se habla de beneficios para los ciudadanos con discapacidad visual.

Pero… aunque el voto electrónico parece una diligencia que debimos hacer antier, la verdad es que esta tecnología no está lista para asumir los retos que plantea la democracia. Se queda corta en condiciones básicas como el anonimato de los votantes, la trazabilidad de todos los pasos del proceso y la posibilidad de vigilar el sistema. Los países que ya lo han probado sirven como casos de estudio y muestran que puede ser mejor seguir con sistemas análogos.

Por poner un ejemplo: al usar un computador para producir votos, ¿cómo sabemos que cada voto sí corresponde a la voluntad del ciudadano, que no hay votos duplicados o algo así? Pues habría que llamar a expertos para mirar cómo está programada la máquina (o sea, qué instrucciones está siguiendo) y aun así es muy jodido verificar que la programación que los expertos revisen sea, de hecho, la que está en la máquina. ¿Qué tal si en un momento de privacidad un ingeniero altera la computadora? ¿Podríamos notar a tiempo los cambios en el código?

Cuando uno revisa opiniones, parece que los expertos ya saben que las votaciones computarizadas no dan tranquilidad. Incluso si se solucionan los problemas técnicos, la falta de trazabilidad y transparencia no da espacio para la confianza. Las votaciones con papel llevan años perfeccionando protocolos y procesos que cualquiera puede entender. Esas reglas funcionan como una muralla para bloquear trucos corruptos. Por supuesto el sistema análogo es imperfecto, pero nos da una confianza que difícilmente tendríamos si usáramos computadores. Creo que si implementamos hoy el voto electrónico ese muro que hemos construido con experiencia se volvería una muralla de centímetros. Algo demasiado fácil de saltar y peligroso para la democracia.

Y bueno, si quieren oír la explicación de cada punto con más calma, vayan al reproductor que les dejo abajo. Se van a encontrar con una conversación donde Santiago y yo (mi compañero de podcast en Cosas de Internet) nos divertimos explorando las ideas a favor y encontra del voto electrónico. Pongan play, puede que queden con más razones para responder a la pregunta: ¿sí o no?

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