Por: Fernando Barbosa
A mano alzada

Voto por la poesía

Con la recolección de firmas para las presidenciales y el registro de listas para Congreso, la campaña para las elecciones de 2018 está en plena marcha. El lenguaje, las estrategias y las formas políticas que se han observado en el mundo en 2017 se reproducen en nuestro medio. Pero una mirada a lo más remoto nos da para pensar diferente.

Me refiero puntualmente a Xi Jinping, quien frecuentemente adereza los discursos con citas literarias y poemas. Nada extraordinario si recordamos la poesía de Mao Zedong. Y menos aún si repasamos las enseñanzas de Confucio.

Entre nosotros están lejos los tiempos en que los versos adornaban la política y a los políticos. Hasta extremos como el de don Julio Arboleda, conocido como el Poeta Soldado y hoy prácticamente olvidado. Ahora parecemos más herederos de Platón, quien como se sabe menosprecia a Homero en boca de Sócrates en los diálogos de La República y prácticamente destierra a la poesía del Estado —libros III y X—. No se acepta que algo más allá de la realidad, recreado por el poeta, pueda ser útil y confiable para el manejo del gobierno, cuyo soporte es lo real. Por supuesto, no sobra advertir que los especialistas han discutido el asunto por siglos y siguen proponiendo distintas interpretaciones.

Otra cosa ha ocurrido en la tradición confuciana. En las Analectas se lee: “En el Libro de la poesía hay 300 odas, pero el contenido de las mismas puede describirse con una sola frase: no hay ni un pensamiento malvado” (II.II).

En este Libro de la poesía o Libro de las odas —el Shijing—, escrito hace milenios e incorporado a las enseñanzas confucianas por el mismo Confucio, se encuentra la razón de por qué se le concede tanta importancia a la poesía en el gobierno. En el “Gran prefacio” encontramos lo siguiente:

“La poesía es el producto de un pensamiento honesto. El pensamiento que se guarda en la mente se vuelve honesto; al exhibirse en palabras, se convierte en poesía… Cuando las palabras son insuficientes, se recurre a los susurros y a las exclamaciones. Cuando estos son insuficientes, se acude a los prolongados sonidos de la canción. Cuando los prolongados sonidos de la canción son insuficientes, inconscientemente las manos comienzan a moverse y los pies a danzar… (P)ara encaminar correctamente los éxitos y fracasos (del gobierno), para mover Cielo y Tierra y estimular a los Seres espirituales a la acción, no hay instrumento más a la mano que la poesía”.

Los fundamentos siguen vivos y tienen la capacidad todavía de iluminarnos. La sensatez nos obliga a sopesar y a observar hacia dónde se inclina la balanza. Ojalá los próximos resultados electorales germinen, como la poesía, de la honestidad.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Fernando Barbosa

Integración euroasiática

Asia en la bruma

La nostalgia del tejo

Mundial: China vs Colombia

Campañas: ayer y mañana