Por: Santiago Villa

Voto por Sergio Jaramillo

El Alto Comisionado de Paz de Juan Manuel Santos vale el voto para reelegir al Presidente de la República.

No lo conozco personalmente, pero mi admiración por Sergio Jaramillo como negociador nació cuando leí un cable de la Embajada de Estados Unidos publicado por Wikileaks. En el cable el embajador decía que Sergio Jaramillo, viceministro de Defensa (en asuntos políticos y temática internacional) de Juan Manuel Santos entre el 2006 y el 2009, era el encargado de negociar con Gerardo Aguilar, alias "Cesar", comandante del Frente 1 de las Farc, la liberación de Ingrid Betancourt y los demás secuestrados de la Operación Jaque.

Creo, como se detalla en "Operación Jaque: una jugada no tan maestra", el documental que produje bajo la dirección del periodista Gonzalo Guillén, que Jaque no fue una maniobra militar de inteligencia, sino una negociación con los dos cabecillas del Frente 1 de las Farc: "Cesar" y su segundo, Alexander Farfán, alias "Gafas". Pienso también que Sergio Jaramillo fue el personaje clave para que esta negociación fuese exitosa.

Sergio Jaramillo maneja un perfil tan bajo que su participación en la Operación Jaque no sólo ha sido casi olvidada y borrada de la historia oficial, sino que el crédito se lo han llevado personajes oportunistas como los generales Mario Montoya y Freddy Padilla de León, que recibieron los laureles por una supuesta operación militar que, como he dicho muchas veces, me parece evidente que fue un montaje.

En los días posteriores a la Operación Jaque, mientras que Álvaro Uribe, Mario Montoya, Freddy Padilla y Juan Manuel Santos, por supuesto, se paseaban frente a las cámaras y los micrófonos, describiendo los absurdos y contradictorios detalles de la versión oficial de Operación Jaque, Sergio Jaramillo comía callado. Eso es un excelente indicio de su pragmatismo y profesionalismo.

Como explicó Jaramillo durante una conferencia que dictó a comienzos de este año en el Centro Carr de la Universidad de Harvard, él ha llevado este proceso desde el primer germen de las negociaciones. Estuvo para los primeros contactos entre el gobierno y las Farc en el 2011 y fue el representante del gobierno en la primera reunión secreta que tuvo lugar en La Habana, en febrero del 2012. Jaramillo es imprescindible no sólo por la experiencia acumulada, sino por la confianza que este recorrido genera en la contraparte.

En este punto vale recordar el ejemplo de Sudáfrica. Tanto Cyril Ramaphosa como Roelf Meyer, los principales negociadores (como contrapartes) de la nueva constitución sudafricana, han insistido en la importancia que tuvo para el proceso la relación personal que se tejió entre los negociadores de un lado y del otro. Cuando se llegaba a un impasse, muchas veces se superaba gracias a una conversación por fuera de la mesa. Los negociadores, además, durante los años que dura el proceso, aprenden detalles prácticos como leer los gestos de la contraparte o reconocer fortalezas y debilidades. Hay negociadores que se vuelven irremplazables. Considero que Sergio Jaramillo es uno de ellos.

El proyecto político uribista ha demostrado un rechazo explícito por las negociaciones de paz y hay muchas formas como pueden frustrar el proceso. Una de ellas es reemplazar el equipo de negociación.

Otra de ellas es su bandera de campaña: revisar los acuerdos a los que se han llegado y exigir nuevas condiciones. Esto equivale a reiniciar el proceso no sólo desde el principio, sino también desde la parte más difícil. En la conferencia que dictó en Harvard, Jaramillo precisó que las negociaciones habían comenzado con los puntos más sensibles, con lo más complejo, para poder avanzar más rápido a partir de entonces. Retroceder al punto cero sería muy grave. Bien podríamos dar por acabados los diálogos y la culpa en ese punto no sería de las Farc, sino del Estado colombiano, o del pueblo colombiano que votó en contra del proceso.


Twitter: @santiagovillach

 

 

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