Por: Cartas de los lectores

A vueltas con la religión

Importante el tema abordado en El Espectador con el ensayo titulado “Notas pedagógicas para una sociedad en crisis (VII)”, el domingo último. Y también algunas de sus sugerencias sobre la utilidad de la religión en la enseñanza y su influencia en la sociedad.

Por los excesos, fallos, abusos y posibles errores, sin embargo, no se pueden medir la importancia y el papel de la religión. Ha sido parte de su historia el ir corrigiendo muchos de esos desenfoques que han propiciado una especie de divorcio entre lo ritual, cúltico y sacramental, por un lado, y las orientaciones, estructuras y prácticas de la sociedad civil, por el otro.

La religión, en su desenvolvimiento histórico, ha estado y está muy implicada en las estructuras políticas, económicas, culturales y sociales de la mayoría de las sociedades. No siempre para bien, desde luego, pero muy a menudo dejando una impronta positiva en la educación y en las labores sociales y culturales. Por sus errores, abusos y excesos, no obstante, no se podrían juzgar como un todo las doctrinas religiosas y a sus representantes. En la actualidad, sería difícil hacer un discernimiento tajante entre la paja y el grano —para decirlo en términos campesinos y evangélicos— sin acudir a los temas fundamentales que abordan las religiones en general y el cristianismo en particular. Por esa razón, considero necesario el estudio académico de la religión, especialmente en los últimos años del bachillerato. No para imponer un adoctrinamiento proselitista, sino para proporcionar los elementos fundamentales del contenido doctrinal y de la historia de las principales religiones e igualmente ofrecer, tal vez, una elección completamente libre para aceptar una u otra religión o prescindir, si es el caso, de todas ellas.

En la actualidad, es innegable la positiva influencia de la pedagogía del papa Francisco en temas tan esenciales como la ecología, el problema social, el capitalismo, la sociedad de consumo, el cuidado de la naturaleza y el medioambiente, el respeto a los derechos humanos, el trato a los inmigrantes, la búsqueda de la paz… Todos estos y otros muchos, que integran el pensamiento cristiano, deberían ser el objeto de una pedagogía sana, académica, laica y neutral para nuestros jóvenes y nuestra sociedad.

Pondré unos pocos ejemplos de cómo no es posible prescindir de la asignatura religión y su correspondiente evaluación académica, especialmente en el bachillerato. Uno de los cuadros más emocionantes de Rembrandt es, tal vez, El regreso del hijo pródigo. ¿Cómo entenderlo sin acudir a una de las parábolas más bellas del cristianismo? ¿Cómo comprender el denso y profundo contenido del maravilloso retablo de Gante, El cordero místico, de Jan van Eyck, sin recurrir al mensaje central tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento? ¿Cómo ignorar la figura de Jesucristo ante una de las obras culminantes de la pintura universal, como lo es el Cristo crucificado de Velázquez? ¿Cómo asimilar el mensaje cósmico de El Mesías, de Händel, sin recorrer la teología que se contiene en la Biblia? ¿Cómo entender la majestuosidad y el eprofetismo del Juicio final, de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina?

Así pues, no vale la pena discutir sobre la conveniencia de mantener bien cimentada y desarrollada la asignatura de religión entre los jóvenes bachilleres. Su necesidad se nos hace evidente a cada paso.

Francisco Tostón de la Calle.

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