Por: Gonzalo Silva Rivas

Vuelve y juega

El aval dado por el presidente Santos para que el gobierno le inyecte una nueva dosis de recursos al controvertido aeropuerto de Palestina, le recupera los signos vitales a este moribundo y malhadado proyecto de infraestructura, víctima de la improvisación, la corrupción y la ineficiencia administrativa, pero no aleja la incertidumbre.

Hace dos años exactos, cuando el aeródromo debió haberse inaugurado de ajustarse al último cronograma previsto, se advirtió en esta misma columna que el cuatrienio de Santos terminaría sin que se hiciera realidad el sueño de los manizaleños de contar con la espléndida obra, un competitivo aeropuerto vanguardista con excelente pista de 3.600 metros de longitud. Tal y como estaba cantado, los trabajos se suspendieron y se decretaron 24 meses de catalepsia, estado del que aparenta salir ante la suma de ingredientes registrados en los últimos días.

Junto al apoyo presidencial, la Contraloría advirtió sobre posible detrimento patrimonial de echarse por la borda los $180 mil millones invertidos hasta la fecha e imputó cargos de responsabilidad fiscal por $16.960 millones contra 21 personas, incluidos el exdirector de la Aerocivil, Fernando Sanclemente, y el exgerente de Aerocafé, Francisco Cruz, por inoportuna gestión fiscal y menoscabo de recursos públicos.

Las autoridades caldenses, por su parte, hicieron la tarea y le presentaron al gobierno conclusiones de un estudio que verifica la factibilidad del proyecto y que responde a la advertencia de que el apoyo nacional dependería de dicha viabilidad. Santos recibió además algunas presiones de la dirigencia regional, que condicionó su respaldo electoral a la candidatura presidencial de quien se la jugara por la obra.

El dilema surge ahora en torno a los recursos que pondrá la Nación. El aeropuerto en una primera fase que podría terminar en 2016 y para la que se contempla una pista de 1.400 metros, requerirá de $391 mil millones adicionales, pero las arcas municipales y departamentales dicen estar vacías. La Nación apenas se ha comprometido con $30 mil millones. Queda por saber entonces de dónde saldrá la plata para el faltante así como los $680 mil millones de la segunda y última fase que ampliaría la pista a 2.600 metros y concluiría en 2019. ¿Presupuesto nacional? ¿Vigencias futuras? ¿Alianzas público privadas? ¿Venta de activos como los terrenos del aeropuerto de La Nubia?

La dolorosa pesadilla del terminal de Palestina completa más de tres décadas de promesas y frustraciones, acumula un sobrecosto de $150 mil millones y mantiene vivas las dudas. Hoy, la obra vuelve y juega, con el sueño reducido a la escala de un aeropuerto común y silvestre, y todo apunta a que será la Nación la que tendrá que meterse la mano al bolsillo -al menos en su primera fase- para aterrizarla.

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