Por: José Roberto Acosta

Wall Street volando

La plaza bursátil norteamericana lleva una valorización del 7% en lo corrido del año y del 24% en el último semestre, superando lo visto en economías emergentes como la nuestra, donde el saldo ha sido de pérdidas.

Los datos de empleo, así como de balanza comercial, empiezan a mostrar síntomas de recuperación, en momentos en que a nivel global todo parece caro históricamente, excepto las empresas norteamericanas que, además de tener un nivel de precios similar al que tenían hace once años, según el índice Dow Jones, su valor en dólares en relación con el valor en otras monedas las hace más baratas que hace once años.

Estados Unidos sigue siendo la principal potencia mundial, no sólo en lo militar, sino en lo tecnológico e innovación, gracias a una base educativa basada en universidades sin ánimo de lucro que permiten el desarrollo de sus alumnos a niveles tan extraordinarios como el alcanzado por los fundadores de Facebook. Mientras que en Colombia las universidades públicas no cuentan con presupuesto suficiente para una operación vegetativa y las universidades privadas se dividen entre aquellas de exitoso resultado para sus egresados y aquellas que forman frustrados profesionales, víctimas de un sistema con soterrado ánimo de lucro y que evaden fácilmente los inocuos controles de calidad de parte del Estado.

Wall Street parece estar iniciando una senda alcista, que podría superar los máximos alcanzados antes de su peor crisis, y eso probablemente merme los cuantiosos recursos que han favorecido la inversión en economías de la periferia como Colombia, ya que las empresas norteamericanas siguen siendo las pioneras del capitalismo y el crisol del mayor valor agregado a nivel global. Colombia debe acomodarse a esos niveles de competencia cada vez más exigentes, con un sistema educativo mejor financiado desde el Estado y no cedido únicamente al sesgado interés particular, que sólo buscan rentabilidad financiera, sin importar la perenne rentabilidad social que un sistema público de educación superior puede darnos y que no tiene precio.

Es distinto preparar masas de técnicos que sepan el “cómo” de las cosas, que preparar profesionales conscientes del “por qué” de las cosas. Y con propuestas de reforma educativa como la presentada recientemente, nos quedaremos como obreros rasos y nunca como gestores de valor agregado.

 

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