Por: Adolfo Meisel Roca

“We stole Panama”

“I TOOK PANAMA”, DIJO CON MUCHA satisfacción Teddy Roosevelt en 1904. Pero también hubieran podido cantar en un coro poco celestial los siete presidentes que tuvo Estados Unidos entre 1903 y 1907: “We stole Panama”.

Aunque la intervención norteamericana para lograr la separación de una de las tres provincias que en 1903 formaban el Caribe colombiano es bien conocida, hasta ahora no se sabía mucho acerca de cómo fue el tratamiento económico que recibió Panamá de parte de Estados Unidos después de 1903. Afortunadamente, un reciente trabajo de investigación de Noel Maurer y Carlos Yu, que los autores advierten que está en la etapa de discusión, empieza a esclarecer cuál fue el impacto económico del Canal de Panamá entre 1903 y 1937.

La conclusión de Maurer y Yu es que el beneficio económico directo del canal sobre Panamá fue muy pequeño. Varios factores explican esto. Lo primero es que los norteamericanos le pagaron a los panameños una suma irrisoria por el uso de su territorio y la cual era incluso menor a la que le habían ofrecido a Colombia y que nuestro país rechazó. La segunda razón es que la política de Estados Unidos fue la de minimizar en forma deliberada los beneficios económicos que el Canal pudiera tener sobre Panamá.  La forma como esto se logró fue por medio de la prohibición explícita para contratar panameños en la zona canalera y para que las empresas panameñas vendieran sus productos en dicha zona.

Con respecto a la mano de obra, durante la etapa de construcción la mayoría de los trabajadores eran de las islas del Caribe inglés, especialmente de Barbados y Trinidad, pero también hubo muchos españoles.

Lo que Estados Unidos invirtió en la construcción del canal fue, en dólares de 1925, unos US$760 millones y en las defensas militares requeridas otros US$160 millones, para un total de US$920 millones.

De acuerdo con Maurer y Yu, la tasa interna de retorno de esa inversión fue como mínimo del 6,6%, lo cual se compara favorablemente con los bonos de largo plazo de USA. Ese valor mínimo representó un excedente de US$24 millones, una cifra muy parecida a lo que finalmente recibió como indemnización Colombia en 1925. Es decir, que el negocio dio hasta para pagar la indemnización.

La pregunta que no se hicieron los historiadores económicos cuyo trabajo hemos comentado, es: ¿fue la separación un buen negocio económico para Panamá? La evidencia indica que sí lo fue. En 1903, la provincia de Panamá no era muy diferente del resto del Caribe colombiano en cuanto a sus niveles de desarrollo económico y, además, era similar en sus estructuras sociales y en su cultura. Sin embargo, 105 años después, de acuerdo con las cifras del Banco Mundial, el ingreso nacional per cápita de Panamá en 2007 superó al de la Costa Caribe colombiana en 154%.

Es casi imposible que Panamá tuviera hoy el nivel de desarrollo que tiene si fuera uno más de los departamentos colombianos. Lo más probable es que, al igual que los actuales siete departamentos del Caribe continental colombiano, su ingreso per cápita estuviera por debajo del promedio nacional, y en una cifra sustancial. Algo debe haber pasado, el que todos los presidentes que ha tenido desde 1903 son panameños, el que en su capital se concentran las principales oficinas públicas y que los beneficios que recibieron del canal no se fueron para otro lado. Todo esto, a pesar de que con mucha razón en 1977 el senador norteamericano Samuel Hayakawa haya reconocido sobre Panamá: “…we stole it fair and square”. 

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