Por: Juan Carlos Gómez

Wikileaks tras las rejas

Por razones diferentes, las redes sociales y Wikileaks han significado grandes retos para los medios tradicionales. Las redes sociales como fuente de información se multiplican caóticamente. No existe una jerarquía que controle el flujo infinito de contenido, si bien han sido el escenario de sofisticadas conspiraciones, como las que favorecieron a los partidarios del brexit y la elección de Trump. El caso de Wikileaks es bien diferente.

Por razones diferentes, las redes sociales y Wikileaks han significado grandes retos para los medios tradicionales. Las redes sociales como fuente de información se multiplican caóticamente. No existe una jerarquía que controle el flujo infinito de contenido, si bien han sido el escenario de sofisticadas conspiraciones, como las que favorecieron a los partidarios del brexit y la elección de Trump. El caso de Wikileaks es bien diferente.

En 2010 Wikileaks filtró aproximadamente 800.000 documentos clasificados: cables diplomáticos de Estados Unidos alrededor del mundo e información sobre las guerras en Irak y Afganistán. Después de una compleja labor de contextualización y edición de millones de documentos, muchos de los periódicos más respetados del mundo —incluido El Espectador, en Colombia— publicaron información suministrada por Wikileaks.

Surgió entonces la figura de Julian Assange como adalid de la trasparencia y la libertad de información. Al poco tiempo el señor Assange —extraño personaje de novela negra— fue acusado de delitos sexuales en Suecia y, para escapar de la justicia estadounidense, tuvo que asilarse en la Embajada de Ecuador en Londres, de donde fue expulsado después de siete años, por meterse con el presidente de ese país andino.

Es cierto que, gracias a la osadía que lo convirtió en héroe, salieron a la luz crímenes de guerra, casos de corrupción y abusos de poder. Pero también hubo mucho de manipulación, como lo demuestra la filtración de correos en contra de Hillary Clinton ad portas de la contienda electoral que ganó Donald Trump. Ahora que Assange, escuálido y barbudo, duerme tras las rejas, su futuro es tan incierto como el de Wikileaks.

Tal vez la caída en desgracia de Assange no signifique necesariamente el fin de Wikileaks. Por cuenta de esta o de otras plataformas se seguirá filtrando información clasificada, aunque algunos medios quieran presentar mucha de esta como fruto de una ardua labor investigativa.

Como lo recordó hace poco el decano de la escuela de periodismo de Berkeley, los medios tienen el reto de decidir si al publicar esa información de veras se sirve el interés público. Deben cuidarse de la manipulación selectiva e interesada que llega furtivamente a las mesas de redacción.

@jcgomez_j

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2019-05-06T09:20:12-05:00

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