Por: Melba Escobar

Wikimujeres, el peligro de una sola historia

Logran cosas increíbles. Una medicina para un niño enfermo de cáncer. Una silla de ruedas, una colecta de fondos para una familia. Por estas cosas la red solidaria podría considerarse un logro extraordinario. Sin contar cuántas mujeres pueden acceder a información de calidad sobre médicos, jardines infantiles, ropa, en fin, cualquier cosa que entre en el espectro de un grupo de 10.000 mujeres de élite.

Porque un requisito para entrar a Wikimujeres es hacer parte de una élite económica y social. De manera abierta, el tema gira en torno a clubes, niñeras, empleadas del servicio, entre otros.

La única manera de entrar es por invitación. Y para ser invitada hay que tener más de 50 amigas en Facebook que ya pertenezcan a la red. Hasta ahora, bien. Se puede pertenecer o no, como se haría con cualquier otro tipo de club, secta o comunidad. Pero también, como pasaría en cualquiera de los anteriores, controlar un grupo tan grande se vuelve cada vez más difícil. Es así como este espacio también ha sido tildado de clasista, de difamar empresas y personas, y de no ser abierto en su razón social, al posicionar marcas y productos de manera encubierta.

Una de las wikimujeres con las que hablé para escribir esta columna me dice que en efecto el clasismo es evidente. Como ejemplo, cuenta de una mujer que manda una foto de la mala ortografía de su empleada, a lo que algunas responden: “¡Qué ternura!”, “¡Qué linda!”, como si se tratase de una niña de seis años. “Pero el problema no es de la red social, es de nuestra sociedad. Si lo miras desde otro punto de vista, este puede ser incluso un espacio para la discusión y el debate”.

Lo cierto es que, clasistas o no, el poder de estas mujeres, 60.000 en total en los cinco países donde hace presencia la comunidad virtual, es cada vez más evidente. En algunos casos se critica a las empleadas, publicando incluso su número de cédula. Se habla mal de médicos, de productos, de personas, en una espiral que puede acabar por afectar la reputación de algunos, vulnerando su derecho al trabajo e incitando al matoneo. Como me dijo otra de las entrevistadas: “El peligro es pensar que si una wikimujer lo dice, entonces es verdad. Conozco bien el caso de una mujer que acusó a su marido de haberle quitado a sus hijos. Esto despertó un movimiento de solidaridad impresionante. Pero el otro lado es que a esta mujer le quitaron la custodia por maltrato. En Wiki se suele ver únicamente un lado de la historia”.

El seguimiento vehemente y masivo a verdades individuales puede degenerar en un comportamiento fanático: “Algunas ven a Geraldine (Geraldine Pomato, fundadora de la comunidad) como su líder espiritual. La idolatran”, comenta otra wikimujer. La pregunta de fondo es si esto seguirá siendo un grupo que responde a las coordenadas de la argentina o si llegará a ser una comunidad autónoma. De momento, la red se debate entre ser un espacio de gran impacto solidario o un paredón donde pululan las listas negras y se difunden los odios. En cualquier caso, seguirá siendo un experimento digno de estudio por sociólogos y antropólogos. Un interesante reflejo de la sociedad en la que vivimos.

@melbaes

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