¿Cuáles son las razones de la movilización?

hace 14 horas
Por: Elisabeth Ungar Bleier

Xenofobia

“Todas las protestas, todos los clamores, todas las proclamaciones contra el racismo y la xenofobia son justos, necesarios y bienvenidos”. José Saramago

El domingo pasado, mientras caminaba por el parque El Virrey, una persona conocida quiso darle a un joven venezolano un par de zapatos y ropa. Un vigilante privado se nos acercó en bicicleta y de forma muy agresiva nos increpó y le ordenó a este joven retirarse del sector. Su argumento era que a él lo habían contratado para evitar que los venezolanos anduvieran por ahí y que los transeúntes les dieran cualquier cosa. A renglón seguido, continuó vociferando, advirtiéndonos que seguramente era un ladrón, que le avisaría a la policía y que esta había ordenado que lo detuvieran. Con la prepotencia que confiere portar un uniforme y un radioteléfono, este hombre se abrogó la facultad de decider quién puede hacer uso del espacio público, pero sobre todo de acusar a un ciudadano de un delito por el simple hecho de ser migrante. Pero además nos advirtió que a él le pagaban los residentes de ese sector, ubicado entre las carreras 11 y 15, para hacer precisamente eso.

Esta actitud xenófoba es cada día más común en el mundo y Colombia no es la excepción. La xenofobia es un comportamiento de intolerancia hacia el extranjero, que con frecuencia va acompañada de agresiones físicas o sicológicas que hacen aún más difícil la vida de los migrantes. Es un sentimiento de superioridad infundado que no permite expresar empatía hacia el otro, el extranjero. Por ejemplo, no es extraño oírles a personas que han presenciado o escuchado que se cometió un delito decir: “Seguro fue un venezolano”. ¿Acaso antes de esta ola migratoria no se cometían robos y atracos en nuestras ciudades?

A muchos se les olvida que desde mediados del siglo pasado Venezuela les abrió las fronteras a millares de colombianos. Los cálculos más conservadores hablan de más de un millón y medio. Y que muchos más emigraron a Europa y a los Estados Unidos, donde consiguieron trabajo y pudieron sostener a sus familias que se quedaron en Colombia.

No podemos desconocer los esfuerzos y recursos que ha invertido el Gobierno para acoger y atender a los venezolanos que diariamente cruzan nuestras fronteras. Pero, además de esto, se deben emprender campañas y acciones pedagógicas para rechazar cualquier actitud xenófoba hacia ellos o hacia cualquier extranjero.

A diferencia de otros países latinoamericanos, incluyendo Venezuela, Colombia nunca fue un país particularmente abierto a las migraciones de extranjeros. Sin embargo, mis padres llegaron a Colombia en 1938 y 1939 huyendo de la guerra y de la persecución nazi. Colombia los acogió y les permitió no olvidar pero sí sobrellevar el dolor del exilio, rehacer sus vidas, formar una familia y aportarle su trabajo y un importante legado cultural al país que les abrió las puertas y les dio la oportunidad de comenzar de nuevo. Estoy segura de que muchos venezolanos también lo pueden hacer y lo están haciendo.

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2019-09-12T00:00:39-05:00

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2019-09-12T16:18:29-05:00

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