Por: Ramiro Bejarano Guzmán

¿Y ahora contra Francia?

Magistrales las dos cartas del presidente francés Sarkozy a los secuestrados y a Tirofijo, porque nunca antes nadie de esa importancia universal se había atrevido a tanto con tanta habilidad. Y también valerosas, porque el mandatario galo tuvo la audacia de comprometerse a redoblar sus esfuerzos para una salida negociada del conflicto, a cambio de la libertad de todos los secuestrados, no sólo de Íngrid.

Parecía que íbamos a doblar la página amarga de la mediación fallida y accidentada  de Chávez, pero no, la cosa se enrarece de nuevo, porque otra vez el verbo inflamado del presidente Uribe salió al ruedo a ponerle unas insidiosas banderillas a las señales amables de Sarkozy.

A las expresiones esperanzadoras de Sarkozy, el jefe de Estado colombiano ha respondido en tono ostensiblemente camorrero, pues le dio por ventilar la provocadora tesis de que los europeos no pueden presionar a Colombia porque si tuvieran de nuevo entre ellos a Hitler no lo habrían dejado prosperar. Según Uribe “entonces qué derecho tienen a pedirnos que tengamos que ser apaciguadores con el terrorismo”.

Francamente la posición de Uribe es inaudita, porque de ninguna de las dos cartas del presidente francés se desprende que haya pedido al Gobierno colombiano convertirse en apaciguador del terrorismo. Todo lo contrario, si algo dejó claro Sarkozy fue su desaprobación a los métodos y a la ideología de Tirofijo.

Complicado entender la brusca reacción de ahora, sobre todo después de que hace unos meses el presidente Uribe liberó a Rodrigo Granda, a cambio de nada. ¿Por qué cuando se trataba de excarcelar al mal llamado canciller de las Farc, Uribe no pidió a los europeos lo que ahora les reclama? El presidente de los colombianos está dejando crecer la sensación de que le resulta muy fácil liberar guerrilleros como Granda, no obstante que los compara con Hitler y su banda, pero no da su brazo a torcer cuando se trata de propiciar escenarios para la liberación de los secuestrados de las Farc.

Es obvio que el gestor de esta nueva molestia es José Obdulio Gaviria, el temido y siniestro personaje que inspira y conduce entre bambalinas el régimen. Lo afirmo porque en su entrevista de la semana pasada a la periodista Cecilia Orozco publicada en El Espectador, sostuvo: “Los franceses han fortalecido a los secuestradores y les han otorgado mucha mayor estatura intelectual, política y moral de la que tienen. Además han dado la sensación en el mundo de que el Estado colombiano comparte responsabilidades con los plagiadores”.

El mensaje que ha quedado sobre el doloroso tapete del intercambio humanitario, después de la respuesta de Uribe a Sarkozy —la que además no se plasmó en un comunicado sereno sino en otra intervención en una guarnición militar, donde fue celebrada con aplausos retadores—  es que cualquier mandatario que se asome a ayudar en este tema, sale chamuscado. No parecen haber calculado en la Casa de Nariño, que sus respuestas altisonantes contra Francia, también fastidian a la Unión Europea.

Después del agarrón con Venezuela, parece venirse uno más con Francia, y al paso que vamos, contra el resto del mundo. Entre tanto, los secuestrados seguirán muriendo en vida en las selvas colombianas, a menos que la propuesta presidencial de última hora de un despeje por 30 días para liberarlos, abra la luz de esperanza que todos ansiamos.

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Adenda.- Increíble pero cierto. El coronel de la Policía Mauricio Santoyo, destituido por la Procuraduría por hechos gravísimos acaecidos coincidencialmente a partir de los últimos meses del período como gobernador de Antioquia del actual Presidente, restituido a medias por una cuestionada decisión del Consejo de Estado, hoy gracias a la fuerza demoledora del uribismo, es también General de la República. Genialidades de la seguridad democrática.

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