Por: Lorenzo Madrigal

Y ahora la Iglesia

NO LE FUE MUY BIEN AL PRESIDENte Uribe en las opiniones expresadas por los jerarcas, al acercarse la Semana Santa o durante ella.

Los dos más altos prelados de Colombia, sin temor a las palabras, le han dado calabazas a la segunda reelección presidencial, para un tercer período de gobierno.

Es casi divertido que el cardenal don Pedro Rubiano le hubiese propuesto al Presidente la reelección en el 2014, asegurándole, para consolarlo, que el pueblo no dudará en reelegirlo para su ambicionado tercer período.

Si no se tratara de un consuelo piadoso, el cardenal habría tomado parte en la política partidista, proyectada al 2014. Me quedo con su negativa a la reelección de hoy, la que es muy propia de su conocido coraje. Se sabe que él avizora elefantes cuando están de visita en la Casa de Nari.

Ya había sido claro y contundente el actual presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Rubén Salazar (ilustración), a quien quizás veamos con el capelo cardenalicio, más temprano o más tarde. Que no conviene la perpetuación de una persona en el poder; que se requiere el relevo y, lo que es más punzante, que no debe modificarse la Constitución por conveniencias personales de quien gobierna.

Tal vez las reflexiones eclesiásticas lleven al Presidente, que disfruta del segundo período presidencial, originado en una desviación de poder (conforme a inapelable declaración judicial), a reconsiderar su ambición de permanecer en el mando.

Acostumbran los autócratas hacer caso omiso de las voces de los jerarcas religiosos y por el contrario, como ocurre en un país vecino, colman de denuestos a quienes se atreven a enfrentar su poderío, desde los inermes púlpitos o, si se quiere, desde sus tronos espirituales.

En el caso colombiano esto no va a ocurrir, dado el acatamiento religioso que ha mostrado el usurpador de períodos presidenciales. En cuanto a su táctico silencio sobre el tema de la reelección, pienso que puede convertírsele, no tanto en una exitosa maniobra para confundir a posibles rivales, cuanto en una desbancada por la vía de la opinión, ahora con el respaldo de la jerarquía eclesiástica.

Para Uribe, a estas alturas, bajarse de un ambicionado tercer período o mejor dicho, renunciar a él, es como si lo descolgaran de su alta cima, en guacales, tal como le ocurrió, con mucho cuidado, al Señor Caído de Monserrate.

***

Preguntado el Alcalde de Bogotá, cómo pudo ser trasladado el Señor Caído desde el cerro de Monserrate a la llanura de la ciudad, respondió: “Con mucho cuidado”.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lorenzo Madrigal

Si fue el uno o si fue el otro

“Yo vine porque quise”

En el desespero final

Final, final, final

Indeseable, la extradición