Iván Duque es el nuevo presidente de Colombia: Marta Lucía Ramírez, su vicepresidenta

hace 3 horas

Y ahora, los payasos…

Por lo menos detrás de tanto secuestro, tanta pobreza, guerrilla, paras, políticos corruptos y otras cosas raras, al fin algo nos produce sonrisa y diversión…

Al mejor estilo de la famosa Carabina de Ambrosio que vimos hace muchos años con su show cómico, mágico, musical, el asunto de Santa Fe ha sido, o fue, un completo sainete.

Uno no es que sea un arrodillado de Europa o Estados Unidos, pero no nos digamos mentiras: somos muy chuecos y folclóricos. Allá no pasan estas cosas

El domingo pasado Renunció, y lo digo con mayúscula, el Bolillo Gómez, como director técnico de Santa Fe. Ha corrido mucha tinta al respecto y en el medio deportivo todo es monotemático.

Todo muy claro y aburrido después de una derrota ante el Quindío. El entrenador renuncia en plena rueda de prensa, el equipo complicado con miras a la clasificación a los cuadrangulares, el asistente técnico expulsado. En fin…

El punto es que a los tres días aquí no pasó nada: el técnico sigue al frente, los dirigentes no toman decisiones, la prensa sigue, o seguimos, dichosos porque el tema sigue vigente, los hinchas continúan a la expectativa, y el equipo sigue por fuera de los cuadrangulares y con el reto de visitar al líder del torneo.

Todo se manejó con las “patas”: primero, el entrenador al salir con esa renuncia pública después de la derrota; después, los dirigentes en demorarse una eternidad en tomar decisiones necesarias; los jugadores, con buena fe, quisieron involucrarse y dejaron una sensación extraña; la prensa vio el plato servido para “pontificar”.

El tema deportivo ni siquiera es interesante a estas alturas. El punto sensible es lo institucional y administrativo. En cualquier empresa hay un manual de funciones, unas responsabilidades, unos deberes y derechos, unas metas, unos compromisos y, al final de cuentas, unos conductos regulares. Cuando falla la cadena, pues se complica el cuento.

Si vemos, en tres días se fue Bolillo, llegó González, sonó Barrabas, volvió González, se sugirió a Osorio, en fin, de todo un poquito para, al final, volver a Bolillo.

Se fumó la pipa de la paz: el entrenador feliz porque aseguró la papita el próximo mes a pesar de sus embarradas, los directivos sacando pecho por manejar con “grandeza” la situación, los jugadores tranquilos, felices, y con mayor poder…

Como dicen, de todo se ve en la viña del Señor. Una vez más, en nuestro amado y particular fútbol, cualquier cosa puede pasar. Incluso, en un par de meses, el Bolillo puede conseguir la séptima estrella para los rojos.

 José Luis Navas. Bogotá.

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