Por: Juan Manuel Ospina

¿Y ahora qué sigue?

El domingo aunque dejó una rara sensación de vacío, demostró contundentemente que la inmensa mayoría de los colombianos, no solo los Santistas de ocasión, votamos para cerrar finalmente el capítulo de una guerra que nunca debió ocurrir y sobretodo, durar tanto para nada.

 Y votó también para cerrar otro capítulo, íntimamente ligado al anterior, el de la vigencia del expresidente Uribe, asociada indisolublemente al tiempo de la guerra. Uribe y las FARC como guerrilla, están en el tránsito hacia la Historia; han iniciado su salida del presente y del futuro de Colombia.

Con respeto por su condición de expresidente, digo que Álvaro Uribe se desconectó, el que siempre había estado “en la movida”, de lo que el país hoy quiere y apoya: terminar el conflicto. Terminarlo para que Colombia sane su alma enferma por la guerra y pueda finalmente destinar sus energías y creatividad a la vida, a construir condiciones de convivencia, dignidad, equidad y progreso, y no a la muerte, a la destrucción, a matarnos, a insultarnos, a engañarnos. No alcanzaremos el cielo, pero sí será posible que florezcan la decencia, el respeto y la esperanza, lo cual es mucho. No se acabará de golpe la violencia y la corrupción, pero avanzaremos como Nación.

El reelegido Presidente enfrenta una tarea de filigrana política para que su triunfo no sea pírrico, pues debe responderle, por no decir complacer, a un grupo variopinto de aliados, desde los liberales de siempre, los conservadores, oficialistas de oficio al igual que los cacaos, y los sectores de izquierda democrática que lo apoyaron con un pañuelo en la nariz, pero que ya empiezan a tenderle la mano, pues como dicen los gringos, no hay almuerzo gratis.

¿Será que Zuluaga sigue con su idea de liderar un Centro Democrático que sea de verdad un partido de centro derecha que le haría competencia a un desorientado y desgastado Partido Conservador? ¿Se estará gestando hacia el futuro una coalición de centro derecha entre ambas agrupaciones? Solo el tiempo lo dirá, pero las circunstancias podrían ser propicias y el país la requiere.

Lo anterior depende no solo de lo que se cocine en el viejo uribismo sino en un conservatismo que nuevamente tiene en sus manos las cartas de la gobernabilidad y que por ello se debate entre la tentación, explicable por lo demás, de regresar al gobierno o de asumir el desafío de avanzar por el camino que abrió Marta Lucía Ramírez, para consolidarse como alternativa de poder al llegarle a millones de posibles electores que han estado por fuera de la cauda electoral de los jefes regionales, la actual columna vertebral del Partido. Un buen ejemplo del potencial de esta estrategia son los resultados electorales de Bogotá donde en primera vuelta sextuplicó su votación. Es prematuro saber que camino tomará, la decisión no es fácil pues implicaría cambios de fondo y de rumbo, que no parecen estar en este momento en el orden del día, y que en buena medida dependen de las decisiones del Presidente Santos y de lo que suceda en el Centro Democrático.

Queda una última pregunta sobre lo que sigue y que tiene que ver con la izquierda democrática. ¿Asistimos al nacimiento de una confederación de izquierda democrática o a un simple acercamiento de sus tendencias y organizaciones movidas por el común interés en la paz y en atajar a Álvaro Uribe? ¿Sobrevivirá al abrazo electoral santista? Otro asunto al cual hay que darle tiempo para ver cómo evoluciona.

Fueron sin duda unas elecciones que abren posibilidades de cambio en la política que el país necesita. Por el momento son solo posibilidades pero ese es ya un gran avance, inimaginable hace solo dos meses. La política es el reino de lo posible, donde nada está escrito de antemano, que dependen de que se den las condiciones, y en esas se está. Como suele suceder, amanecerá y veremos.
 

 

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