Por: Uriel Ortiz Soto

¿Y ahora quién podrá gobernarnos?

Es la pregunta que se  deben estar haciendo en estos momentos de crisis institucional e incertidumbre, nuestros compatriotas.

La respuesta no puede ser más contundente: Nos seguirá gobernando el actual presidente de la Seguridad Democrática, quién en forma lenta, pero con pasos firmes, le está devolviendo la confianza a los colombianos, demostrándoles que sí se puede gobernar cuando se ejerce el poder con decisión y principio de autoridad. Pretender desconocer el mandato que le otorgaron más de siete millones de votantes en las presidenciales del 2006 es estar incurriendo en actos de provocación a la dignidad de los electores y al derecho de decidir por los destinos del país, de sus regiones, de las comunidades, de las familias y de las personas.

Que sepan de una vez los señores de la oposición y los elementos extraños y disociadores incrustados en las altas esferas del Estado, que lo de la parapolítica y la Yidispolítica, no es más que uno de los tantos reactivos que se necesitan aplicar a tanta corrupción y componenda política. Vendrán más entuertos y escaramuzas aparecerán más bichos con cara de salvadores y las Instituciones del Estado aparecerán convalecientes ante la depuración moral a que han sido sometidas para que cumplan con su funcionamiento y objetivos propuestos. Es uno de los propósitos claros del Presidente Uribe.

Lo que pasa es que en nuestro país, desde décadas anteriores toda la institucionalidad, venía tan al garete, que colocar las cosas en orden, al principio produce urticaria en todos los estamentos sociales, económicos y políticos del Estado de Derecho. Cuando los bichos de un cuerpo en restablecimiento se resisten a morir víctimas de la dosis de exterminio a que han sido sometidos, es apenas lógico que el organismo se convulsiona y no faltan los falsos agentes secundarios que aparecen como salvadores y redentores de la noble causa, pero, que a la postre resultan ser los traidores y los enemigos agazapados de la gobernabilidad y las buenas prácticas.

Donde están los Uribistas y los defensores de su programa bandera la: Seguridad Democrática, ¿que se hicieron? Hay que actuar con decisión y con sentido de pertenencia. Lo que ha logrado el presidente Uribe, en menos de seis años, con el apoyo claro está, de su coalición integrada por diferentes grupos políticos,  su equipo de gobierno, las Fuerzas Militares y el pueblo, no lo podemos dejar echar por la borda por decisiones politiqueras y de pronto amañadas.

Llevábamos cincuenta años prácticamente acorralados y encañonados por los grupos criminales. Las épocas nefastas de la guerrilla, con sus puestos de peaje extorsivo, la extorsión por sí misma, el secuestro y la destrucción de puentes, oleoductos, puestos de salud y de policía, establecimientos educativos e iglesias, prácticamente ya son cosa del pasado. La guerrilla de las farc, está tan diezmada y aniquilada con los golpes tan certeros que les han propinado últimamente las Fuerzas Militares y de Policía, que sus combatientes poco a poco, se están reintegrando a la vida civil. Los grupos de para – militares,  como ellos mismos lo confiesan, infiltraron la política y varias instituciones del Estado, entre ellas, “Las Altas cortes”; prácticamente sus organizaciones también se encuentran desvertebradas y sus capos sometidos al rigor de la justicia.  

Pensar entonces que el rumbo positivo que lleva nuestro País en los actuales momentos, se vaya frenar por caprichos politiqueros, criminales y malintencionados de grupos de la oposición, o al margen de la Ley, o quizás de quienes aplican justica lasa y sesgada, comprometidos muchas veces con intereses personales o politiqueros, es destruir lo que hemos venido construyendo con sentido de responsabilidad y patriotismo al lado de nuestro Presidente Uribe, sus Instituciones y su programa bandera de: Seguridad Democrática.

Hay que ser claros: sobre el pronunciamiento que hace la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, donde solicita a la Corte Constitucional, se pronuncie sobre la pureza del Acto Legislativo, que dio paso a la Reelección del Presidente Uribe, prácticamente es un Acto de Cosa Juzgada, la Corte Constitucional, ya se pronunció en su momento. Que últimamente hayan resultado entuertos y componendas, son hechos que pueden suceder, Pero que se vaya a desconocer la voluntad popular con más de siete millones de votantes que tuvo dicha reelección producto del Control Positivo de la Corte Constitucional, sería echar irresponsablemente al País, por los despeñaderos de la ingobernabilidad y generar un vacío de poder, sin antecedentes en la historia política y administrativa de Colombia y de la humanidad.

No debemos ser complacientes con los intereses mezquinos de quienes siempre quieren el caos y la zozobra para pescar en río revuelto.

Comunidad Desarrollo y Gestión

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