Por: Olga Lucía Barona

Y del respeto, qué

No podría poner las manos sobre el fuego por Eduardo Lara, pero mientras algunos de sus críticos que lo acusan de ayudar a vender jugadores convocándolos a la selección de Colombia no muestren las pruebas, seguiré creyendo en su imagen de un hombre trabajador, serio y disciplinado.

Que se equivoque en el llamado de futbolistas al seleccionado, que los titulares no sean los que estén en su mejor nivel y que se ‘case’ con algunos jugadores que no despuntan en el equipo nacional, evidentemente son argumentos que se pueden debatir y ante la mente morboso de algunos personajes del fútbol podrían convertirse en detalles fehacientes para dudar de su honestidad.

Pero de allí a acusarlo directamente como un mandadero del empresario Hernando Ángel para ayudar a vender sus jugadores hay un trecho bastante largo. Si es cierto y tienen las pruebas, pues sencillamente preséntenlas, porque de lo contrario serían igual de culpables, serían como cómplices. Pero ni los periodistas ni los jugadores tienen la licencia para ir destrozando la dignidad de Eduardo Lara ni de nadie. Hasta donde nos enseñaron, y entiendo que es el fundamento básico en cualquier proceso, nadie es culpable hasta que se le demuestre lo contrario.

Si son personas responsables ante la sociedad, denuncien ya la presunta culpabilidad de Eduardo Lara, todo por el bien del fútbol colombiano, o no alarguemos más un debate que de hecho no le hace bien a un país bastante golpeado. No enlodemos más la imagen de un deporte sólo por la lucha de intereses personales y pasionales. ¡No más!

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