Por: Patricia Lara Salive

¿Y para dónde miraba la Policía?

Es imposible no seguir preguntándose cómo durante más de diez años el tenebroso Bronx de Bogotá, que sustituyó al barrio del Cartucho, intervenido y demolido durante la primera alcaldía de Enrique Peñalosa y transformado en el Parque Tercer Milenio, creció hasta el punto de convertirse en uno de los mayores centros de depravación y delincuencia, al estar situado justo en el corazón del poder: a cerca de ocho cuadras de la Casa de Nariño, de la Alcaldía de Bogotá, del Congreso de la República, del Palacio de Justicia, de la Catedral Primada, de la sede de la Policía Metropolitana y justo en frente del Batallón de Reclutamiento.

¿Qué hicieron durante todo ese tiempo los comandantes de la Policía de Bogotá? ¿Por qué permitieron que a ese estado de cosas se llegara? ¿En dónde ejercían su acción de vigilancia? ¿La ejercían en alguna parte? ¿Para dónde miraban?

Es que semejante antro donde se encontraron 1.600 personas vueltas añicos, entre las cuales había 149 menores devastados por la droga y abusados sexualmente, además de armas, granadas y caletas con decenas de miles de dosis de toda clase de estupefacientes; semejante infierno, repito, donde mataban y desaparecían gente, y de donde entraban y salían adictos demacrados, enfermos, con el más triste de los aspectos, no hubiera podido existir ni un mes si no hubiera contado con la complicidad y la corrupción de la Policía.

Pero, también, ¿qué estaban haciendo y para dónde miraban, durante todo ese tiempo, los presidentes Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, los ministros de Defensa, los directores y subdirectores generales de la Policía, los de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional, los comandantes de la Policía Metropolitana y los alcaldes Lucho Garzón, Samuel Moreno y Gustavo Petro? Les pregunto pues de acuerdo con la Constitución, en ellos está la línea de mando de la Policía.

Todos ellos pecan por omisión. Y de ahí para abajo, en la Policía, muchos comandantes y agentes tienen que pecar por corrupción: no de otra manera se explica que, ahí, frente a sus narices, durante tantos años, hubiera reinado el delito y no hubieran hecho nada. Es que, como me decía un amigo, lo único que les faltó encontrar fue un túnel construido desde el Bronx hasta la casa presidencial.

Pero ahora que el alcalde Peñalosa hizo lo primero que tenía qué hacer –desmantelar el Bronx—, le queda la tarea principal: recuperar a los adictos, intervenir socialmente para eliminar las causas que los llevaron a ese estado de postración y desarrollar una eficaz labor de prevención del consumo de drogas, porque de lo contrario ese lugar tan deprimente, inhumano y peligroso se duplicará o se triplicará en otros sitios, como al propio Peñalosa ya la calle del Cartucho se le duplicó en el Bronx.

¡Qué falta nos hacen la carcajada y la inteligencia de Otto Morales! ¡Qué bien nos haría hoy escucharle su historia de las distintas violencias y de los procesos de paz de Colombia, de los cuales él fue testigo! ¡Pero qué maravilla que ahora, a un año de su muerte, se haya publicado su obra póstuma, Eduardo Santos. Apuntes para una biografía política. Son dos tomos editados por la Universidad del Rosario e Intermedio Editores, con el apoyo de sus hijos Olimpo y Adela Morales, que nos permiten volver a leer a Otto y conocer la historia del expresidente y fundador de El Tiempo y, de paso, del origen de esa familia que ha influido tanto en el periodismo y en la política de este país.

www.patricialarasalive.com

Buscar columnista

Últimas Columnas de Patricia Lara Salive