Por: Luis Carvajal Basto

¿Y el candidato de Santos?

Con la consolidación de la alianza Uribe-Pastrana, se empieza a despejar la ecuación de Centro Derecha, pero no ocurre lo mismo con el “otro” candidato que pasaría a segunda vuelta. ¿Por quién  decidirá la U? ¿Qué hará el Liberalismo oficial si De la Calle, medido en la consulta, no despega?

Recapitulemos: solo pasan dos a segunda vuelta y parece claro que uno de ellos será el que determine esa alianza que, al hablar de la “reconstrucción de Colombia”, intenta ir más allá de la crítica a los acuerdos con las FARC, y ahora de su gestión, convirtiendo en exclusiva bandera, también, el cuestionamiento del desempeño de la economía y, en general, del gobierno Santos.

Vale decir que, a un año de firmados, la crítica  a la gestión de los acuerdos ha encontrado eco en sectores tan distintos como la delegación de Naciones Unidas y voces de las mismas FARC, sin considerar que este objetivo se va a demorar en el tiempo: la sustitución de cultivos y el problema de tierras, por ejemplo, se refieren a un cambio de fondo en el modelo económico que no ocurrirá de la noche a la mañana mientras factores como la demanda de drogas sigan intactos. Aquí no se trata de argumentos convincentes pero pobres como que  “el ejército bajó la guardia” o “los funcionarios no hacen la tarea”. Ese tipo de argumentos no resisten un análisis riguroso pero funcionan como anzuelo electoral.

En cuanto a candidatos de esa alianza, la metodología de selección del Centro Democrático y las tendencias y encuestas conocidas hacen pensar que el escogido puede ser el joven Iván Duque, quien ahora tendrá como competidora a Martha Lucia Ramírez. Antecedentes; experiencia, reconocimiento en la opinión y otras variables, hacen pensar que, como están las cosas hoy, ella  será la candidata a presidenta y Duque a vicepresidente.

Por los lados del “otro candidato” las cosas están menos claras: se puede especular con  una alianza de Centro Izquierda entre  los sectores de Fajardo, Claudia López, Robledo, Clara López y De La Calle que, de acuerdo con tendencias y encuestas, si las elecciones fueran hoy, escogería en las parlamentarias a Fajardo. Saben que si no se unen ninguno pasa.

Otros dos candidatos, que no tienen alianzas pero sí un alto negativo en la opinión en su contra, Vargas Lleras y Petro, irían “hasta el final”, es decir, hasta la primera vuelta, porque a pesar de llevar años en campaña no les alcanzaría para pasar a la segunda. ¿Sorpresa? Aun así, uno y otro le quitará votos a las dos alianzas, Vargas al Centro Derecha y Petro al Centro Izquierda.

La expectativa de continuidad en las políticas y modelos de gobierno influye en las elecciones aunque no las determine: el presupuesto y las decisiones del gobierno, de una parte, y su crédito o desprestigio, de otra, son sus elementos más relevantes. Con el nivel de polarización que hemos podido constatar  y finalizando mandato, la gobernabilidad de Santos y de los acuerdos  depende mucho de su “conexión” con un candidato que garantice esa continuidad. Pero ello, todavía, no se ve tan claro, aunque el presidente tiene varias opciones, como tuvo  en la elección de Bogotá (Pardo, Peñalosa, Clara López).

La primera de ellas es y ha sido, a pesar de lo que se diga, su sucesor natural; su ministro y Vicepresidente Germán Vargas, quien ha hecho esfuerzos para desmarcarse de Santos, al menos públicamente. Y con menos ruido, los demás candidatos que han acompañado su gobierno y los acuerdos: De la Calle; Clara López etc. A ninguno de ellos  favorecen las encuestas y la “sucesión” parece embolatada, por ahora.

¿Y la U, en manos del presidente, a que jugará? Si Santos demora esa decisión los congresistas de ese partido, necesitando un candidato que los impulse en las parlamentarias, tomarán, cada uno, su camino. Lo mismo puede pasar en el Liberalismo. ¿Cuánto falta para que Vargas, de mal en peor todas las encuestas, se ofrezca, de nuevo, a “salvarlos”  aunque sea para perder?

@herejesyluis

Posdata: Los análisis electorales de este columnista se esfuerzan en proyectar un ejercicio académico de comportamiento electoral, al margen de sus opiniones políticas, si ello es posible.

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