Por: Carolina Botero Cabrera

Y el premio por activismo digital es para... ¡Karisma!

Anoche en Londres, Karisma ganó el Premio al Activismo Digital que otorga cada año la ONG Index on Censorship. Esta es la mayor distinción que se nos ha hecho en nuestra vida institucional. Como directora, tuve el honor de participar de la gala y recibir el premio que reconoce la pasión del equipo humano que conforma Karisma y que compartimos con quienes nos han acompañado durante la última década en nuestro propósito de incorporar consideraciones de derechos humanos en el uso de tecnología.

En 2019 hubo más de 400 nominaciones públicas para esos premios —cualquiera puede postular a quien considera que lo merece—. De este universo, un jurado eligió 16 organizaciones y personas que competían por cuatro categorías. Entre los finalistas, Karisma era la única representante de la región. Ganamos en la categoría de Activismo Digital.

El honor es más grande y nuestra humildad mayor, si pensamos que compartimos los premios de este año con la Asociación de Caricaturistas Internacional (CRNI, por su sigla en inglés), que apoya a caricaturistas amenazados por su trabajo alrededor del mundo, y con dos excepcionales mujeres que han sido arrestadas y amenazadas por sus respectivos gobiernos porque reportan y hablan de lo que piensan: la camerunesa Mimi Mefo y la kurda-turca Zehra Doğan.

También el premio resulta un honor pensando en los ganadores del pasado. Por ejemplo, en 2013, el Premio a la Incidencia fue para Malala Yousafzai y el ganador por Activismo Digital fue Bassel Khartabil, un activista a quien conocí personalmente como parte del movimiento de lo abierto. En ese momento, Bassel se encontraba en prisión. En 2015, fue ejecutado por el régimen sirio.

El Premio al Activismo Digital, en concreto, celebra el uso de tecnología para evitar la censura y favorecer el intercambio libre e independiente de información. Dos actividades de Karisma llamaron la atención del jurado: Alerta Machitroll, que alerta y propone una discusión pública, en las mismas redes sociales, sobre la violencia machista en la red, y Compartir no es Delito, una iniciativa en defensa de la libertad académica que propone hablar de acceso abierto, especialmente a los resultados de investigación que se construyen con dinero público.

Alerta Machitroll resultó de la reflexión que hicimos hace un tiempo sobre la forma como las mujeres experimentan su capacidad de expresión en la red. Identificamos que la violencia en línea contra las mujeres es frecuentemente subestimada, sus efectos se minimizan y suelen generar que las mujeres se autocensuren, cierren sus cuentas o eviten hablar de determinados temas. Esto es preocupante, no solo por el efecto individual a las mujeres involucradas, sino también por su impacto colectivo. Es que cuando la voz de un grupo de personas no está en la red, el daño es para la sociedad; no hay diversidad ni pluralidad en el debate público.

Alerta Machitroll es una campaña digital que usa el humor para provocar la reflexión de la sociedad sobre los discursos que no reconocen los derechos de las mujeres y propone pensar en la equidad de género.

En el corazón del trabajo de Karisma está la promoción del acceso al conocimiento y la cultura. Creemos que la libertad académica es una preocupación constante para una sociedad democrática. Desde 2013, acompañamos el caso de Diego Gómez, un joven estudiante de biología que estaba acusado de infringir normas de derecho de autor por compartir un documento académico en internet.

Durante este proceso, lanzamos la campaña Compartir no es Delito, que llama la atención sobre cómo el marco legal del derecho de autor no considera el interés público, tanto así que se puede culpar a un estudiante por compartir conocimiento. Esta visión tan extrema de la protección legal puede llegar a ser una barrera para la ciencia y el desarrollo del conocimiento. Por eso, aunque se trataba de un caso concreto, la campaña se enfocó en el efecto general para la sociedad y en la apuesta por el acceso abierto, que también proponía una discusión sobre libertad académica. El caso de Diego terminó bien, dos jueces concluyeron que la ciencia se caracteriza por prácticas de compartir y que, sin ánimo de lucro, no hay delito. Diego se convirtió en un activista de lo abierto y con él compartimos ya un reconocimiento por esto, el Next Generation Leadership Award otorgado en OpenCon18.

En esta época marcada por la expansión de internet, las tensiones sobre las discusiones de diversidad y pluralidad, de libertad académica, se destacan cada vez más. Lo que veremos más frecuentemente durante los próximos meses estará vinculado con más y más peticiones y regulaciones de control de lo que se distribuye en internet. Sin una conciencia general sobre la importancia de esta herramienta para la libertad de expresión, los gobiernos y las plataformas son las que definirán cómo podemos actuar, postear contenido y comunicarnos. Además, la censura se automatizará y esto afectará, en especial, a millones de voces que no tienen perfil público.

La internet, que ofrecía un altavoz para cualquiera, está en entredicho, por lo que se está comprometiendo su capacidad como instrumento de libertad de expresión. Por eso, recibimos este premio sobre todo como un compromiso. Se trata de trabajar porque se trasladen y fortalezcan las garantías de derechos humanos, sobre todo de la libertad de expresión, desde el mundo fuera de línea al mundo en línea.

Nos obliga a seguir trabajando por llamar la atención a los problemas importantes para todas las personas con una solución que fortalezca y no disminuya la libertad de expresión de la sociedad. Creemos firmemente que las regulaciones y prácticas represivas y regresivas suelen responder al miedo con control, lastimando así la libertad de expresión. Nuestra apuesta es por buscar formas de abordar la tecnología que sean propositivas, no represivas. El premio alienta esta posición y nos motiva a continuar.

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Y el premio por activismo digital es para... ¡Karisma!

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