Por: José Manuel Restrepo

¿Y la ciencia qué?

Recientemente tuvimos el privilegio de contar con la visita del profesor Francisco Sagasti, miembro del Directorio del Institute for Environment and Development, exmiembro directivo del Centro Internacional de Investigaciones del Canadá y persona destacada por su liderazgo en política pública en los temas de innovación, ciencia y tecnología en Perú y el mundo.

En una de sus charlas en Colombia resumió el problema de la competitividad en un pequeño texto que decía en parte lo siguiente: “Competitividad sin ciencia, tecnología e innovación. Es como un cebiche sin pescado ni limón… Esto es una mezcla sin ton ni son, lo mismo es la competitividad sin ciencia, tecnología e innovación”.

Este simpático comentario me lleva al discurso pronunciado el domingo pasado en la instalación del nuevo Congreso de la República. Como era previsible y deseable, el tema central del discurso de 3.608 palabras, giró alrededor de la paz y el posconflicto (32 repeticiones de estas palabras en el texto), asuntos de la mayor importancia y evidentemente necesarios para construir un país más próspero, desarrollado y de mayores posibilidades de crecimiento. En dicho discurso también se hizo referencia, en por lo menos cinco oportunidades, al futuro del país y su obligación de ser más competitivo e innovador. De igual forma, hubo un acento esperado en el tema de educación (9 menciones), con especial interés en los temas de calidad y disponibilidad de recursos, y con una meta ambiciosa (posiblemente más de lo realista), que de lograrse sería muy importante para el futuro nacional: “Ser la nación más educada de nuestra región”. Seguramente en referencia a América Latina.

Lo que sorprende del discurso es que para lograr la mencionada competitividad apenas hubo una referencia a la innovación, emprendimiento y tecnología, sin profundizar en alguna estrategia puntual o ideas precisas para lograr lo anterior. Pero posiblemente la mayor ausencia del discurso es que no hubo ni una sola mención al tema de la ciencia.

Reconocido por expertos, uno de los elementos centrales para construir un mejor país es la necesidad del cambio en las narrativas. Tal parece entonces que el desarrollo científico, tecnológico y de innovación están medio ausentes de dicho futuro. Asunto que no es de poca monta, cuando se trata de mejorar nuestros indicadores en sistemas de referenciación mundial, como el del World Economic Forum o aun del IMD. En sus más recientes estudios se ha insistido en que si Colombia quiere mejorar en competitividad es indispensable abordar con detalle los temas de ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento.

Lo anterior deja una importante luz de alerta al próximo cuatrienio, que simplemente ratifica los sucesos recientes con la salida de la directora de Colciencias, ante un importante recorte a los recursos a dicha entidad, comprometiendo proyectos de largo plazo como los programas de formación de doctores o aun el financiamiento público a la investigación.

Hoy con Colciencias pasa lo mismo que sucedía en décadas pasadas con el Ministerio de Educación, que cambiaba en promedio cada seis meses, con ausencia total de un proyecto de largo plazo. Y pasa también que el avance en el tema de regalías, que creímos podría ser una opción al futuro, ahora parece comprometido ante el desaforado interés de la política regional, que ve comprometidos sus recursos, muchas veces dedicados a “elefantes blancos”. Preocupa que ahora dichos recursos puedan llegar directo a las gobernaciones y municipios sin algún filtro de calidad científica, pero además exclusivamente basado en necesidades básicas insatisfechas, que nos puede llevar ahora a “elefantes científicos”. No puede ser que a municipios donde no hay ninguna capacidad científica se le entregue la mayoría de recursos, sin la articulación adecuada de actores, y que en aquellos donde sí hay capacidad real de producir ciencia no les lleguen recursos para la ciencia.

Mientras tanto seguimos en la mitad de inversión en ciencia comparado con América Latina, la sexta parte de Brasil y la doceava de un país OECD, con el agravante de que los nuevos recursos los podríamos estar distribuyendo de manera equivocada.

Si queremos ser competitivos, la ciencia, la tecnología y la innovación deben ser parte de la narrativa oficial, pero además deben recibir eficazmente recursos, so pena de seguirnos comiéndonos un cebiche soso.


José Manuel Restrepo Abondano

[email protected] / @jrestrp

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