¿Y la clase media?

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Cuesta trabajo entender las razones del Gobierno en algunas de las propuestas de la reforma tributaria. El café, el chocolate, el azúcar son productos de consumo básico y masivo que podrían quedar con IVA del 19 %. El presidente dijo que no se aplicaría ese impuesto a los alimentos básicos. Que le pregunten a la gente en la calle si el café es básico o es un lujo. Estamos metidos en debates de eufemismos en donde al querer controlar el lenguaje se busca modificar la realidad. De lo contrario no llamarían reforma social a una reforma tributaria. La tercera de este Gobierno. Para defender el IVA a productos claves de la canasta familiar se argumenta que a los más vulnerables se les va a devolver vía subsidios. ¿Y los que no están en la base de la pirámide? ¿Los que ganan $1 millón o $2 millones? A esos se les considera “privilegiados” que deben pagar para subsidiar a los que están jodidos entre los jodidos. El rasero para hablar de privilegios no puede ser la miseria, el rasero debería ser el bienestar mínimo que se necesita para vivir con dignidad.

Pero como según el razonamiento oficial y el de las estadísticas económicas alguien que gane $2,5 millones es privilegiado, la propuesta es que declare renta y comience a pagar. Según el viceministro Juan Alberto Londoño, quien gane $3 millones mensuales pagará cada año $400.000. Como si eso fuera poco cuando toca estirar ese salario para pagar vivienda, comida, salud, educación, transporte y un largo etcétera. Pero se considera que pueden pagar más frente a aquellos que no tienen para las tres comidas diarias.

Cada vez que se discute una reforma tributaria los debates se fijan en los extremos de la pirámide: con justicia se intenta proteger a los más vulnerables porque se debe evitar que empeoren sus condiciones de miseria. Eso no se discute. Del otro lado se trata de cuidar a los ricos porque siempre ronda el temor de que se lleven su dinero para otra parte o que se pierdan empleos. ¿Y a la clase media quién podrá defenderla? Tocará llamar al Chapulín Colorado porque poco importa en los debates ese inmenso sector de la población que se la gana trabajando, sudando, estudiando, haciendo emprendimientos, montando pequeños negocios o recibiendo modestos salarios con los que intenta construir una vida. No son ricos, viven al día, endeudados, haciendo cuentas y piruetas. No son pobres y por eso no tienen subsidios ni están en la lista de aquellos a los que les devolverán el IVA.

Después del desahogo me pregunto si hago bien al meterle más palabras inútiles a un debate en el que poco importan los análisis o las críticas porque al final de cuentas esto se cocina en reuniones políticas, en el toma y dame de los acuerdos para pasar los artículos en el Congreso. Tan político es el asunto que ya el partido del presidente se declaró en contra de la reforma que propone su Gobierno. La estrategia será luego proponer a algún mesías que salve al país de su propio invento. Siempre da dividendos políticos oponerse a las reformas tributarias. O si no que lo diga el propio presidente a quien le han recordado por estos días sus discursos y las vallas de campaña en las que prometía “menos impuestos y más salario mínimo”. Que eso fue antes de la pandemia, dicen por ahí. Sí, pero no olvidar que ya hubo dos reformas antes del virus.

Esta tampoco será estructural ni de fondo. No corregirá los problemas de tributación que tiene el país de tiempo atrás. Esta será la del momento y luego volveremos al debate, una y otra vez, una y otra vez. Mientras tanto la clase media se ajusta el cinturón hasta que no se pueda más. Entonces, uno a uno, muchos de esos hogares seguirán cayendo en el abismo de la miseria. En ese punto y hora les dirán que hagan fila para el subsidio porque les van a devolver el IVA.

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