Por: Marcos Peckel

¿Y la política exterior qué?

Como ha sido tradicional en las campañas electorales en Colombia y buena parte del mundo, la política exterior ha estado ausente de la actual contienda electoral, excepto unas vagas referencias populistas a Nicaragua, Venezuela y los tratados de libre comercio.

Sin embargo, en un mundo donde avanza la globalización, las instituciones internacionales pierden influencia, existen poderosos actores no estatales y un implacable sistema financiero, arrecia la competencia por recursos y crece la interdependencia entre estados, es necesario plantear respuestas efectivas a desafíos globales.

La agenda la encabeza el fallo de La Haya sobre el archipiélago de San Andrés, que simboliza el gran fracaso de la política exterior colombiana. Los candidatos se han asentado sobre la sentencia de la Corte Constitucional acerca de la “no modificación de límites sin tratados internacionales”. Esto sirve para la galería y para los mapas oficiales de la Cancillería. Sin embargo, los hechos enseñan que el fallo ya se está aplicando por parte de Nicaragua, por lo que urge diseñar una estrategia de negociación integral con Managua.

Un tema adicional es la proliferación de organismos regionales, que por adoptar una política de “mínimo común denominador”, han caído en absoluta ineficacia; la OEA, la Celac y especialmente Unasur, a la que Maduro le puso conejo después de prometer reconteo tras las pasadas elecciones. Más que de “mediador” en la crisis venezolana, Unasur y sus cancilleres han servido de telón de fondo al continuo asalto del régimen a la oposición democrática.

Colombia debe evaluar su participación en el anacrónico movimiento de los No Alineados, que sólo sirve para hacer clientelismo internacional. En contraste, la Alianza del Pacífico representa quizás el principal logro de la política exterior, por las oportunidades que abre en materia comercial y porque representa un cambio en la geopolítica regional, que por años estuvo monopolizada por el dueto Chávez-Lula.

Con la aprobación por parte de la OCDE de iniciar el largo e incierto proceso de adhesión de Colombia, el país se inserta en el bloque de estados democráticos, capitalistas, con economías de mercado, abiertos a la inversión. Falta ver que el país cumpla con las tareas que le impuso el organismo respecto a la “buenas prácticas”.

De firmarse la paz, Colombia requerirá significativa cooperación internacional para los proyectos de reinserción, empleo, monitoreo, infraestructura, víctimas, seguridad ciudadana y desarrollo de las zonas de frontera, especialmente el Pacífico y el Amazonas.

Finalmente el manido tema del servicio exterior. Aunque la carrera diplomática se ha fortalecido, siguen prevaleciendo nombramientos por amiguismo y pago de favores políticos, flagelo que le ha hecho daño al país y del que no se ha salvado presidente alguno en el último medio siglo.

 

 

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