Por: Cartas de los lectores

¿Y los médicos en dónde están? ¿En dónde está su dignidad?

Hoy más que nunca queda en evidencia el pésimo sistema de salud colombiano, que, además de ser corrupto e ineficiente, maltrata y humilla permanentemente a sus afiliados y al personal de salud.

Las sumas exorbitantes que el mismo Estado y las EPS adeudan a los hospitales y clínicas del país, son la principal causa del mal funcionamiento del sistema. Y el mismo Estado, como lo hemos visto en los últimos días, no tiene la autoridad moral para exigir a las EPS un comportamiento legal y decente acorde con su misión. La permisión estatal (de la Superintendencia de Salud) es la causa más importante de la corrupción del sistema y de su perpetuación.

Las EPS, en la práctica, son impersonales y déspotas, y premian torcidamente a sus empleados si cuidan, no la salud de los pacientes, sino sus propias finanzas. El personal administrativo que tiene contacto directo con el público no tiene la más mínima vergüenza al justificar permanentemente, con excusas absurdas y propias solo del más absoluto descaro, la no autorización de procedimientos que son urgentes y necesarios. He visto personalmente un sinnúmero de veces cómo difieren una cirugía de estómago por cáncer como si se tratara de una consulta por una simple gripa. Y los he visto también morir, porque cuando finalmente logran dicha autorización, ya no es oportuna la cirugía .

Los salarios atrasados son la regla en la mayoría del territorio nacional y los médicos y enfermeras, que son la única parte del sistema que juiciosamente desempeña sus labores y que por eso mismo de alguna manera lo enaltecen y lo rescatan, parecen haberse acostumbrado, por un lado, al maltrato a que son sometidos laboralmente bajo normas denigrantes (como registrar su huella dactilar cada media hora para con ello asegurarse la misma EPS de que los médicos no le están robando tiempo ni para ir al baño)  y, por otro lado,  a  “mendigar” sus sueldos cada tres, o cada cinco, o cada seis meses.

La indignidad del médico, y de las mismas facultades que los forman, ya no tiene límites, y a los primeros parece sólo importarles cumplir y cumplir normas y más normas absurdas, y a los segundos sólo captar y captar más y más candidatos que solo perpetuarán la monstruosa miseria del sistema.

Jorge Merchán Price. Cirujano general. Bogotá.

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