Por: Luis Carvajal Basto

¿Y nada ha pasado de Marquetalia a La Julia?

En 50 años muchas cosas cambian. Pero en los últimos 50 las transformaciones políticas y tecnológicas en Colombia y el mundo muestran realidades  y saltos cualitativos sin precedentes, que las Farc se empeñan en no ver.

De los movimientos campesinos de entonces, poco queda. De la revolución Rusa y los Partidos Comunistas en Europa y el mundo, menos. Las dictaduras ideologizadas o no, han casi desaparecido y solo el fanatismo religioso, afortunadamente ausente en nuestro país, se mantiene como “justificación” del terror.

En muchas latitudes, en cambio, quienes fracasaron en sus pretensiones violentas accedieron al manejo del Estado utilizando las herramientas de la democracia. Desde la revolución de los claveles en Portugal y los gobiernos socialistas en España, hasta más recientemente el Presidente de Uruguay, la social democracia de Lula y el mismo Chávez demostraron que para redistribuir los ingresos nacionales no se necesita secuestrar ni matar a nadie. Es el centro de la propuesta socialdemócrata y Liberal, que se expandió y lo sigue haciendo por el mundo, destacando la función del Estado en la reducción de los desequilibrios sociales, independientemente de sus aciertos o equivocaciones.

La falta de sincronismo con la Historia nos muestra, 50 años después, una guerrilla bien diferente a la de sus orígenes, pero que curiosamente mantiene el mismo discurso y a la que no le ha servido ningún gobierno, ningún cambio en el régimen político (recordemos la lucha contra el continuismo del frente Nacional), lo cual determinó primero su aislamiento y derrota política, al compás de los secuestros , extorsiones y actos terroristas, como el del club el nogal, que incorporó a sus prácticas consiguiendo movilizar a la opinión, pero en su contra.

Por el contrario y como  desafortunadamente ha ocurrido a muchos partidos e Instituciones, el impacto del narcotráfico ha mantenido vivas las finanzas de la guerra y generando que el País gaste tiempo y recursos valiosísimos en un conflicto inútil que nadie quiere perpetuar.

La descentralización y elección popular de alcaldes y gobernadores, por ejemplo, han hecho posible que en estas décadas, diferentes expresiones regionales y políticas accedan al gobierno. En Bogotá, ciudad cuya población y presupuesto es superior a la de muchos países, hace dos periodos gobierna la oposición y en Nariño un ex guerrillero es su gobernador, luego de pasar por la Alcaldía de su capital. La oposición ha perdido y ganado, siguiendo las reglas de la democracia. Que hagan o no buena gestión es otra cosa.

La innegable crisis de las Farc convierte este momento en su mayor oportunidad para despertar de un letargo de más de 50 años y reconocer que el mundo cambió, que en Colombia existen pobres, como en muchos países, pero que los gobiernos no hacen rico ni pobre a nadie y que solo  educación, competitividad  y  posibilidades de trabajo permiten a las sociedades mejores niveles de bienestar.

Mucha agua ha corrido por debajo de los puentes desde los inicios de las Farc, como diría un poeta chileno, para seguir pensando que nada ha pasado.”Quien no reconoce los cambios es un imbécil”, expresó alguna vez certeramente el Presidente Santos y este es un buen momento para registrar tantas transformaciones. Al gobierno corresponde mantener el pulso firme sin olvidar que la mano tendida es otro pilar de la seguridad democrática y la Paz y prosperidad que todos deseamos.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis Carvajal Basto

¿Responderá Duque? (¿Y Fajardo?)

El entierro del liberalismo

Más Duque que Petro

Esperanza en la OCDE

Un presidente cumplido