Por: Juan Carlos Gómez

¿Y qué hacen las autoridades de la competencia?

La semana pasada las autoridades de competencia de Estados Unidos y de Europa fueron protagonistas de dos hechos separados que pueden tener un impacto trascendental a nivel global.

En Bruselas la atractiva señora Margrethe Vestager, comisionada europea de la competencia, anunció una investigación por abuso de precios en contra de Gazprom, la empresa rusa que suministra gas a buena parte de Europa y que es un arma que blande Putin en el terreno político. El asunto se convierte en un motivo más de tensión, en el ya caldeado ambiente por la intervención de Rusia en Ucrania y las sanciones que agobian a ese país.

En Estados Unidos, gracias a los serios cuestionamientos del Departamento de Justicia, Comcast y Time Warner Cable desistieron de su intención de fusionarse, un negocio de US$45 mil millones que habría creado un gigante de las telecomunicaciones con un poder inmenso en la provisión de internet, que difícilmente podrían enfrentar sus competidores.

De nada valieron los esfuerzos de más de un centenar de lobistas que recibieron de esas empresas US$25 millones en honorarios ni los casi US$6.000 que ellas aportaron a las campañas políticas. Al parecer tampoco sirvió de mucho la ronda de golf que jugó el presidente de Comcast con Barack Obama en Martha’s Vineyard en 2013.

Esta vez triunfó el interés público —ese valor etéreo en el que todavía creen algunos en Estados Unidos—, gracias al esfuerzo de activistas de la libertad de información y de distinguidos personajes de la academia, apoyados por congresistas del Partido Demócrata.

En Colombia —a pesar del esfuerzo sincero de unas autoridades y gracias a la soterrada tolerancia de otras—, el ambiente de la competencia en telecomunicaciones puede ser cada vez más sombrío, en contra del derecho de los consumidores a tener opciones de servicio a los mejores precios.

Las autoridades de la competencia en nuestro país tienen que anticiparse a la realidad de que en algunas ciudades y a nivel nacional se está conformando un Gazprom de las telecomunicaciones con el poder de abrir y cerrar a su antojo el tubo por donde fluyen la información y el entretenimiento.

 

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