Por: Patricia Lara Salive

Y si dialogaran los vecinos…

¿No será hora de que Venezuela, que tanto ha propiciado el diálogo entre el Gobierno de Colombia y las Farc, y que le ha servido de garante a la mesa de negociación de La Habana, ahora emprenda un camino similar y en Caracas se sienten a dialogar el presidente Nicolás Maduro y la oposición?

Es que con un apoyo al Gobierno de apenas 22%; con el precio del petróleo a la mitad de lo que estaba hace unos meses; con una producción casi nula de todo lo que no sea petróleo pues éste ha generado el 90% de los ingresos fiscales; con una producción que ha caído en picada; con una inflación que supera el 70%; con un déficit que pasa del 10% del PIB; con una escasez de alimentos y de productos de primera necesidad que ya desespera a la gente; con el alcalde de la capital y uno de los principales líderes de la oposición, además de otros estudiantes y dirigentes populares, encarcelados; con una opinión internacional cada vez más adversa; y con unas elecciones legislativas a la vuelta de la esquina, ¿no sería sensato que, en lugar de insultarse a diestra y siniestra, la oposición y el presidente Maduro se den cuenta de que la situación económica que tienen por delante es tan complicada que ni un Bill Gates al frente de ella tiene garantías de poder manejarla con éxito, y se sienten a dialogar para encontrar conjuntamente una salida pronta y pacífica que les cause el menor sufrimiento posible a los venezolanos?

¿No sería más constructivo que, en lugar de culpar a extranjeros de lo que ocurre en su territorio, Maduro mire las causas reales de la crisis venezolana (aparte de los menores ingresos petroleros, el despilfarro, el inadecuado manejo de la economía por parte de su gobierno y la corrupción), y convoque al país entero a unir esfuerzos para apretarse el cinturón, aprender de los errores y salir juntos de la encrucijada?

¿Y no sería mucho más inteligente que la oposición venezolana invitara a Maduro a dialogar para salvar al país de modo que, ante una actitud gallarda y generosa de sus opositores, él quedara mal ante su pueblo y ante el mundo si no aceptara dialogar y buscar una salida incruenta y democrática para su país?

En Venezuela ya es hora de que las partes emprendan un juego político inteligente, ¡por favor!

Pero eso no es todo: también Maduro debe pensar que a medida en que Colombia avanza hacia una salida política y concertada de una atroz guerra de más de 50 años, y Estados Unidos y Cuba caminan hacia la superación de sus diferencias de más de medio siglo para empezar a saludarse, a conversar, a establecer sendas embajadas y a ponerle fin al inconcebible bloqueo económico impuesto por Estados Unidos a la isla, no tiene presentación que una nación latinoamericana, y más del peso y de la importancia de Venezuela, se acerque velozmente hacia la dictadura y se convierta en el país paria del continente.

¡No! Se requiere que en la tierra de Bolívar los dirigentes de un lado y otro se conviertan de verdad en líderes populares que entiendan e interpreten a su gente (paradójicamente, ¡qué falta está haciendo usted, presidente Chávez!); se necesita que ellos se crezcan y sean capaces de encontrar salidas imaginativas para una crisis difícil de manejar para cualquiera, salidas distintas de los golpes militares, de la represión de los coroneles, de las noches de los cuchillos largos, de las “ayuditas” de Washington y de las dictaduras sangrientas.

¡Ya ni el continente ni el mundo están para eso!

 

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