Por: Jorge Iván Cuervo R.

¿Y si fuera al revés?

Sigue el desfile de congresistas ante la Corte Suprema de Justicia para que respondan por sus vínculos con grupos paramilitares en las elecciones del 2002, y en términos generales no pasa nada, pues se ha entendido que esto hace parte del funcionamiento adecuado de las instituciones, e incluso una señal de fortaleza de las mismas. Ahora le toca al mismísimo presidente del partido de la U, ese manzanillo tolimense reciclado en vanguardia moral.

Que buena parte de la mitad de los senadores y representantes estén privados de la libertad, en cualquier país serio, se trataría de una crisis política e institucional de consecuencias imprevisibles, sin embargo, en Colombia, hace parte de la normalidad, entre otras razones, por el desprestigio del Congreso de la República como institución, que hace que la gente perciba que si se tiene que cerrar, en términos prácticos no pasaría mayor cosa. Hoy prácticamente está paralizado, no legisla, no ejerce control político, y nadie en serio piensa que la democracia esté amenazada. Mientras la economía siga creciendo, prevalecerá la percepción de normalidad.

La Constitución dice que el Presidente simboliza la unidad nacional, lo que supone que el centro de gravedad del régimen político en Colombia descansa sobre el poder ejecutivo, y especialmente sobre el Presidente de la República, lo cual en tiempos de Uribe adquiere una connotación edípica sin antecedentes recientes. Mientras se perciba que el Presidente hace bien trabajo, puede caerse el resto del mundo, literalmente, y la mayoría siente que las cosas funcionan bien. Esta es una sociedad presidentedependiente.

Sin embargo, me pregunto si las consecuencias serían las mismas, si fuera al revés. Es decir, supongamos que el Presidente de la República fuera, por decir algo, Lucho Garzón, y que cerca de la mitad de los congresistas estuvieran privados de la libertad o en trance de rendir cuentas ante la justicia por haberse aliado con las Farc en el 2002. Me pregunto si el establecimiento económico, el político, el mediático, y en general la opinión pública, tolerarían una situación así, y rodearían al Presidente de la República de la manera como hoy lo están haciendo. Me pregunto si RCN, Caracol, la Hora de la Verdad a medias, el Tiempo, el Colombiano, los gremios - y de paso Estados Unidos -, pasarían de agache ante una situación de esa naturaleza, bajo el entendido de que hay que proteger la institución presidencial, ocúpela quien la ocupe.

El análisis político tiene la imposibilidad contrafáctica. Es decir, no podemos analizar lo que no ha sido. Qué pasaría si… Pero queda la inquietud sobre cuál sería la conducta de los factores reales de poder ante una situación como la que se está viviendo ahora, pero en la hipótesis contraria. De todos modos, existe un antecedente que nos hace pensar que la conducta del establecimiento económico sería similar, y fue cuando el proceso ocho mil, cuando a pesar de las evidencias del compromiso del Presidente Samper en el ingreso de dineros del narcotráfico a la campaña – al menos por omisión -, y el compromiso de varios congresistas de la coalición de gobierno con esa situación, se decidió rodear al Presidente hasta el final de su mandato, con un alto costo en términos de legitimidad institucional.

Bastó un editorial del Tiempo, una entrevista de Augusto López y otra de Ardila Lulle, para enviar la señal de respaldo absoluto al Presidente, y todos quietos en primera. Solamente en el paro de 1957 para sacar a Rojas Pinilla del poder, gracias a que ya había cumplido su misión para lo cual la dirigencia liberal lo había designado, el establecimiento económico se movilizó con el famoso paro bancario que sacó a Rojas en 48 horas. El establecimiento económico, con sus medios, tiende a comportarse de manera unificada ante las crisis, para salvaguardar sus intereses, sus negocios, pero no estoy seguro que lo hiciera en el mismo sentido en que lo hace hoy, si las cosas fueran al revés.

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