Por: Pedro Viveros

¿Y si ganan las causas de los otros?

Los cambios en las sociedades no se dan de un día para otro. Acemoglu y Robinson, en su libro Por qué fracasan los países, sostienen cuando comparan a Inglaterra con Egipto que fue una decisión de los ingleses en 1688 la que cambió el futuro de estas naciones y las convirtió en lo que son hoy, 350 años después. Lo que comienza a aparecer en la actualidad en la sociedad, que algunos llaman falta de liderazgo mundial, prefiero definirlo como los retos de una nueva nave, los cuales se incubaron al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Me explico:

Cuando los aliados derrotaron a Hitler e izaron la bandera rusa en el Reichstag berlinés, el mensaje era “porque nos unimos nosotros, no ganaron los otros”. Las reuniones posteriores entre los líderes aliados: Inglaterra, Rusia y Estados Unidos, en cabeza de Churchill, Stalin y Franklin Delano Roosevelt, rompían con la herencia dictatorial pretendida por Mussolini, en primera instancia, y luego por Hitler en su sangrienta intención de “gobernar el mundo”.

Una consecuencia definitiva fue la formulación de las Naciones Unidas, para resolver todas las diferencias en una especie de “parlamento diplomático global” con sesiones permanentes y un Consejo de Seguridad garantía de la gobernanza mundial. Hasta que cayó el muro de Berlín.

La nueva gobernabilidad “posmuro” dirigió sus ojos al fortalecimiento de causas o retos locales. El mundo comenzó a estudiar de manera profunda la contaminación de las urbes, la disminución de la capa de ozono, la lucha por los derechos humanos, el cerco (tan de moda hoy en Colombia) político contra aquellos que no daban garantías democráticas, los derechos efectivos para las minorías (mujeres, negros, LGTB, entre otros), la lucha real contra la pobreza y la corrupción (Objetivos de Desarrollo Sostenible). Por encima de los líderes, ganan las causas. Es el mensaje de esta nueva visión.

Los retos de hoy son las consecuencias de una serie de reglas concebidas en la posguerra, desarrolladas posmuro y hechas efectivas en la actualidad. Sin pertenecer al viejo paradigma de la izquierda o la derecha, las causas ganaron espacio vital en las sociedades y hoy gobiernan.

Esta nueva concepción de gobierno, potenciada por el hecho de una tierra más plana donde un ciudadano de Soacha tiene en un celular la misma capacidad de acceder a toda la información que un asesor financiero en Londres, permite tener una inteligencia sistémica mundial donde hay una especie de juicio de valores (causas) compartidos. La consecuencia es el menguado apoyo de hoy a los presidentes del mundo. Los promedios son fatales para todos, salvo Duterte el presidente (¿dictador?) filipino, o Marcelo de Sousa, presidente de Portugal, quien lucha por la causa de la compasión como valor esencial de los portugueses.

Los retos actuales van desde evaluar a los líderes de hoy con una formulación novedosa de los estudios de opinión porque de pronto les estamos midiendo la forma de gobernar con encuestas del pasado. No estamos evaluando los “gobiernos de las causas”, ¿seguimos midiendo dictadores? Otro reto es mirar con atención la evolución de la genética y su mixtura con la tecnología, porque de pronto nos desviamos y las causas las comienzan a gobernar robots (hace un año en Japón presentaron un robot a elecciones locales, no ganó, ¡pero quedó de tercero!).

Más retos los constituye el hecho de pensar si debemos fundar una ONU pero de ciudades, porque el involucramiento del ciudadano contemporáneo está hoy más ligado con “causas municipales” que nacionales. No se les haga raro que en las próximas elecciones locales y regionales en Colombia ganen proyectos con causas nuevas en ciudades donde antes ganaban partidos tradicionales: échenle ojo a Cali, Santa Marta, Bogotá y Bucaramanga.

Hay gente nueva leyendo nuevas realidades. Por estar peleando entre nosotros, de pronto ganan las causas de los otros.

@pedroviveros

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