Por: Ramiro Bejarano Guzmán

¿Y si no fueron los de siempre?

¿QUIÉN PUDO ESTAR INTERESADO en bombardear a Caracol Radio, tanto la cadena básica como La W? ¿Quién querría hacerlo apenas arrancando el nuevo gobierno?

¿A quién se le podía ocurrir este calculado ataque terrorista, un día después de haberse logrado la reconciliación con Chávez y con la Corte Suprema de Justicia? ¿A quién en particular se quiso enviar tan estremecedora advertencia, después de que el presidente Santos dijera en su posesión que la “puerta del diálogo no estaba cerrada con llave”?

Al momento de escribir estas líneas, nadie ha reivindicado este atentado. Aunque el presidente Santos sugirió que podrían ser los de siempre, tuvo el cuidado de no incurrir en la ligereza de culpar a las Farc, sin tener una sola prueba, como lo hizo el primer director del DAS del anterior gobierno, cuando el sospechoso ataque al entonces senador Vargas Lleras, perpetrado coincidencialmente en las inmediaciones de Caracol a la salida del programa Hora 20.

No parece verosímil esa reforzada tesis que al parecer ha puesto a circular el enigmático director del DAS, acerca de que hace dos años se supo que un guerrillero pretendía poner una carga explosiva en el mismo edificio de Caracol. Y no parece creíble, porque si en verdad se hubiese tenido noticia anticipada de ese suceso, resultaría entre insólito y hasta sospechoso que no se hubieren tomado las medidas para evitar lo que habría sido la historia de un atentado anunciado.

Claro que es imposible no sospechar de las Farc, porque el país entero es testigo de excepción y víctima de sus procedimientos sanguinarios. Pero, si no hubieren sido ellas, la cosa es de extrema preocupación y cuidado, tanto que estaríamos en igual o más grave peligro que si la responsable de este criminal episodio hubiere sido esta agrupación terrorista.

Si en verdad hay una organización diferente a las Farc o al Eln detrás de esta alevosa bomba, por ejemplo, la siniestra oficina de Envigado u otra banda de similar origen, el país podría estar en el umbral de algo siniestro e irreversible. En ese escenario, más peligroso que lo que acaba de pasar, sería lo que estaría por suceder en el futuro inmediato.

Por eso es tan importante que en esta ocasión las autoridades puedan establecer con total certeza quiénes son los responsables de este nuevo embate contra la tranquilidad colectiva. No se trata de una bomba más, de las numerosas que hemos tenido que oír y padecer muchos colombianos a lo largo y ancho del territorio nacional.

De confirmarse que el ataque a Caracol no vino de la guerrilla, sería obvio que detrás de todo podrían estar unos energúmenos que ahora se sienten huérfanos de poder o que creen que nadie más es capaz de persistir en el empeño de perseguir a los alzados en armas.

Para hablarlo más claro, estaríamos en la mira de un grupo de fanáticos recalcitrantes, de esos que sólo creen en la política de sangre y fuego, aquellos que reclaman que no cese la guerra, los que cantan el himno nacional haciendo gestos patrioteros; en fin, esos perturbados que invocando el amor a la patria construyen los dudosos pedestales de los hombres providenciales que son capaces de todo, hasta de acabar con lo que supuestamente más aman.

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Adenda: Deplorable el ridículo que hizo el gobernador encargado del Valle del Cauca, Francisco Lourido, con su discurso cantinflesco al inaugurar la asamblea de la Andi. No hay derecho.

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