Por: Beatriz Miranda

Ya pasó el cuarto de hora de EE.UU.

En los últimos días, Panamá ha sido el epicentro del sistema interamericano, el cual denota reaproximación, fracturas y confrontación.

Sentados en la misma mesa estuvieron el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el de Cuba Raúl Castro, lo que debería traer esperanza de nuevos tiempos a la región.

La reintegración de Cuba al concierto de naciones americanas representa una gran victoria de la diplomacia continental, del movimiento proCuba —liderado por el expresidente Hugo Chávez durante la Cumbre de las Américas realizada en Cartagena en 2012, mediante el cual pedía el fin del bloqueo y la reinserción política de Cuba al continente— y de la consolidación de la Celac con la participación activa de la isla.

En los próximos meses, más allá del saludo cordial en la Cumbre y del anuncio del retiro de Cuba de la lista de países que apoyan al terrorismo, se verificará si Cuba tendrá que renunciar a algunos principios de la Revolución en pro de una Alianza con Estados Unidos, lo que incluso podría afectar su relación con Venezuela.
Es importante mencionar que este histórico acercamiento trae consigo la necesidad de Obama de hacer en el poco tiempo que le falta lo que no pudo realizar en sus dos mandatos. ¿Quién podrá olvidar el simbolismo de la presencia del presidente Barack Obama en la Cumbre de las Américas realizada en Trinidad y Tobago? Entonces el mundo creía que la llegada del primer afrodescendiente a la Casa Blanca indicaba un nuevo rumbo para ese país y el mundo. Falsa ilusión. Con el presidente Barack Obama aún persiste el asesinato de afrodescendientes en su país, ha sido él quien más latinos ha deportado, quien amplió el uso de los drones, quien emprendió nuevas guerras y quien intenta “descertificar” nuevamente a los países latinoamericanos.

El presidente de Estados Unidos llegó a Panamá después de reunirse con los líderes del Caribe en Jamaica y proponerles la concesión de energía limpia. Con seguridad, esta estrategia podría ser interpretada como una forma de minar la influencia de Venezuela en el Caribe y disminuir la importancia de la cooperación energética solidaria iniciada por Petrocaribe. ¿Divide y vencerás?

La derecha también tuvo su espacio de reorganización en la Cumbre. Veintiséis expresidentes firmaron la Declaración de Panamá, en la que denunciaron la ausencia de derechos humanos en Venezuela y solicitaron la liberación de Leopoldo López y Antonio Ledezma. Lo más irónico es que algunos de esos exmandatarios vienen de estados con historial de crímenes de lesa humanidad y de violación de derechos humanos.

Esta Cumbre no logrará que Estados Unidos rescate la confianza de la región, a pesar de la fidelidad y el alto grado de dependencia política y económica de sus más fieles aliados: Canadá, México, Panamá, Colombia, Chile y Perú. Cuba llegó en hora buena a la VII Cumbre de las Américas, solo que con Cuba o sin Cuba, el cuarto de hora de Estados Unidos en América Latina y el Caribe ya pasó.

* Analista brasileña.

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