¿Ya probó Yamazaki?

De 2015 a estas fechas el auge de los whiskies japoneses está tomando por asalto a las grandes metrópolis de este agitado globo. Justamente por aquella época tomé conciencia del fenómeno en la mismísima Escocia, durante una visita a destilerías en la región de Speyside.

Todo ocurrió en el bar del Glasgow City Hotel, edificación de época, donde el barman de turno me puso la cascarilla perfecta para sacrificar mi hasta entonces impoluta lealtad escocesa por los single malts. Al preguntarle por una malta que me sorprendiera por su rareza, me contestó: “¿Y qué tal una japonesa?” Me quedé en silencio y en estado de asombro. “Sí, japonesa”, añadió. Y como en esto de descubrir novedades lo primero que se ignora es el pundonor, le di con mis manos la señal de “adelante, amigo”.

Y ni qué les cuento. O bueno, les debo contar para no dejarlos a media luz. Me sirvió un Yamazaki 12 años, puro. Me puso al lado de la copa una pequeña jarra con agua para hidratar ligeramente el trago y liberar aromas. Buen cuerpo, reconocibles expresiones de aceite de nuez, toques cítricos y florales, suave y con un agradable final.

Era tan clásico, pero a la vez tan intrépido, que inquirí si los especialistas escoceses ya le habían dado su aprobación. “Por supuesto”, me contestó el barman. “En 2015, Jim Murray, autor de La biblia del whisky, eligió al Yamazaki Sherry Cask 2013 como el mejor whisky de malta del mundo”. Suficientes credenciales, sin duda.

¿Y los precios? El de 12 años de añejamiento en barricas de roble japonés, unos US$130. “¿Y el 18 años?”. Algo más de US$250. Y, claro, el de 25 años supera los US$4.000. Nada baratos.

Sus niveles de precios se desprenden de la estela de reconocimientos recibidos por Suntory, la destilería dueña de la marca Yamazak. También tiene en su haber otras célebres y costosas etiquetas como Hibiki, Hakusho y Toki.

Suntory posee renombradas destilerías en Escocia (Bowmore y Laphroaig) y posee un 25 % de Edrington, hogar del sacrosanto whisky de malta escocés Macallan. Má allá de Escocia, es propietaria del coñac francés Courvoisier y del bourbon estadounidense Jim Beam, entre otras marcas.

La historia de Suntory se remonta a 1923, cuando un importador y comerciante japonés de vinos europeos, llamado Shinjiro Torii, decidió montar la primera destilería de whiskies del mundo fuera de Escocia, en cercanías de la ciudad sagrada de Kyoto. “Loco”, le decían. Bueno: eso de retar a los escoceses no es un juego. Es sabida su fama como productores de cereales, además de poseer fuentes de agua de altísima pureza natural, dos insumos claves en la producción de whiskies de calidad. Y, obviamente, una tradición de siglos.

Pero Torii sabía que, para elaborar un buen whisky en Japón, sólo hacían falta cuatro cosas: un cultivo local de cebada, agua pura, alambiques de cobre y un clima frío y húmedo para añejar la bebida. Suntory está en el Valle de Yamazaki, cerca de Kyoto. Sus whiskies encabezan la lista de los más vendidos en Japón, y es la marca japonesa más admirada en el mundo. Sus instalaciones reciben no menos de 100.000 visitantes anuales, muchos de ellos extranjeros.

El primer whisky producido por Torii fue Shirofuda (1929). Le siguieron Kakubin (1937), uno de los más populares de la compañía. Pero fue hasta 1984 cuando la destilería, en manos de Keizo Saji, segundo hijo de Tori, lanzó el Yamazaki 12 años, su primer whisky de malta, y, a partir de ese momento, comenzó a extender su colección.

En 2006, todos los procesos de elaboración pasaron a manos del maestro mezclador Shingo Torii, integrante de la tercera generación de la familia fundadora. Una de sus primeras decisiones fue instalar 12 pequeños alambiques de materiales distintos al cobre para crear whiskies de diferentes perfiles. Y ahí fue cuando Yamazaki saltó a la fama internacional y, desde entonces, no ha dado marcha atrás.

Aunque la empresa ha crecido y aumentado su producción, aquellos Yamazaki más galardonados alcanzan elevados precios entre coleccionistas. El de 50 años se vendió en una subasta en Hong Kong por US$135 mil, y así pasó en engrosar las páginas del libro de Récords de Guinness. Como por algo hay que empezar, un Yamazaki de 10 años vale US$42. Conseguirlo sea quizás un buen propósito en ese próximo viaje fuera de Colombia. Porque hay que probarlo.

 

 

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