Por: Ana Cristina Restrepo Jiménez

Ye-yés

¿Es la cultura una suerte de marca de hierro?

Hace casi dos décadas, cuando estudiaba en Montreal, Canadá, solía viajar en tren a la universidad: si afuera en el campo todo era silencio, adentro del vagón el único sonido era el de los pasajeros hojeando sus diarios. Una mañana cualquiera, alguien dejó un periódico a mi lado y empecé a leer: en una de las últimas páginas encontré un pequeño recuadro con la foto en blanco y negro de una joven bellísima. Era una breve reseña: Lana Buchberger, Miss Canadá, había ocupado el tercer lugar en Miss Universo.

Las noticias de la noche ni mencionaron el evento.

Con planeada inocencia, pregunté entre mis compañeros de universidad, canadienses, por qué nadie hablaba del asunto: la tal Lana les importaba un comino. Los reinados de belleza no existían para ellos.

***

En la obra Este caballero a caballo, Eduardo Peláez cuenta que, en la exposición equina de La Ceja del Tambo, “los oportunistas esperaban ocupar un espacio en la mirada del mafioso para venderle un caballo, una finca, una hija”.

No voy a caer en la trampa fácil de comparar reinados con exposiciones equinas: los caballos no tienen que someterse a la intervención de un cirujano plástico; tampoco aguantan hambre ni les preguntan por la fórmula para lograr la paz del mundo.

¿Cómo recibir, aguantar y protegerse de un embate tan fuerte de la cultura como lo son los reinados de belleza?

En 2004, la doctora Lucrecia Ramírez Restrepo (entonces primera mujer del municipio de Medellín) propuso abolir los reinados retirando los recursos públicos que los patrocinaban. Sus investigaciones como psiquiatra determinaron que “tanto los factores socioculturales como los ideales de belleza actuales afectan negativamente la imagen que tienen las mujeres jóvenes sobre sí mismas”. Ramírez dice: “Los reinados hacen parte del andamiaje donde el cuerpo es visto como un objeto, una mercancía publicitaria”.

Desde entonces, Antioquia es pionera y modelo nacional con el Concurso Mujeres Jóvenes Talentos (entre los 16 y 25 años), un evento que privilegia diversas categorías de liderazgo femenino: social y político, excelencia académica (puntajes sobresalientes en las pruebas del Saber Pro, Icfes, Ecaes, promedios escolares), deporte, arte y cultura.

¿Por qué dejarse marcar en nombre de la “cultura popular”?

Cierro con el fragmento de una conversación entre Gonzalo Arango y Martín Emilio Cochise Rodríguez... imagen prístina de cómo se mira a las mujeres en Colombia:

“G.A.: ¿Te casarías con una reina de belleza?

C.R.: Yo soy modesto, una reina no se fijaría en mí.

G.A.: ¿Por qué no? Eres campeón, eres famoso, tienes ‘pinta’, tienes almacén, ¿qué más quieres?

C.R.: No, reinas no. La que algún día sea mi esposa debe ser una mujer legal.

G.A.: ¿Cómo es una mujer legal?

C.R.: Pues una que sirva para esposa, mejor dicho, que sea virtuosa, hogareña, que no use minifalda ni sea ye-yé”.

Ni las vacas sagradas están exentas... ¡Todos marcados con el mismo hierro!

 

 

Ana Cristina Restrepo Jiménez

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ana Cristina Restrepo Jiménez

Periodismo mágico

VAR

Puntos cardinales

Ni perdón, ni permiso

Las vices